Un dolor real

Storyline: Tras la muerte de su abuela, dos primos viajan a Polonia para conocer la casa en dónde vivió y hacer un tour grupal sobre el Holocausto. 

“Es una película hecha por un actor”, opinó a la pasada un colega, director de cine, cuando lo cruzamos a la salida del cine. Así dejó sentada la polémica y dio el pie de inicio a la conversación.

Fernando Milsztajn: ¿Es una película de un actor? ¿Qué quiso decir con eso?

Julián Krakov: No me parece. A mí no me gusta la idea de los iluminados, que son quienes pueden hacer las cosas. No sé por qué la minimizó así. 

F: Yo interpreto que un actor quiere lucirse, por eso se centra en los personajes y no tanto por la historia. No sé si coincido, pero sí creo que le falta fuerza a la película.

J: A mí me gustó mucho. Se mete con un montón de problemas. Con la búsqueda de la identidad, los orígenes de la familia, la industria del turismo, la memoria, el horror…

F: ¿A vos qué te interpeló de todos esos temas que mencionás? 

J: En principio me dio mucha envidia que viajaran a Polonia. Mi bobe era de un pueblo chiquito al sur de Radom. Se escapó a los nueve años en un barco en 1919, porque no es que en la Segunda Guerra Mundial se empezó a perseguir a los judíos… Y ella cada vez que yo quería ser ciudadano polaco me decía son todos antisemitas. Me lo negaba, y como ella era mi único vínculo con Europa yo no pude ser polaco, a pesar de que mi apellido es Krakov, por Krakow.

F: Claro, pero yo no sentí que me mostraran Polonia. Estaba más orientada a los vínculos. 

J: Es cierto, y no hay tantas películas de primos ¿no? Porque se nota que no son hermanos. 

F: Sí, es una película de personajes, y los road trips son algo fáciles porque siempre son atractivos. Viste que se criticaba mucho al Nuevo Cine Argentino por eso mismo: dos personajes se van de viaje, a recordar el pasado en la casa de la abuela, no sé. 

J: Está bueno que no sea pretenciosa. Igual yo creo que el asunto lo cuenta la película. 

F: Para vos, ¿cuál es el asunto? 

J: El asunto es… ¿qué hacer con la memoria?

F: Yo la analicé por otro lado. Para mí es sobre dos personajes y parecen construidos sobre una dicotomía entre caos y control, razón y emoción. 

J: Cierto, sí.

F: Y no sé cómo es Jesse Eisenberg en su vida personal, pero parece bastante frío y cerebral. Si es así, su contrapartida es este primo que le tira las emociones a los demás, como que lo vendría a interpelar para que él muestre también algún sentimiento… 

J: Por momentos me daba bronca el personaje de Kieran Culkin… Eso está bueno. 

F: Claro, porque es agotador el personaje, ¿no? 

J: Sí, sí, yo no me banco esas personas fagocitadoras del espacio y el tiempo del otro, ¿viste?

F: Viste que le dice No tenés un plan, qué vas a hacer, porque Culkin vive en un presente continuo. Y conecta con cada persona que ve, con los empleados del aeropuerto… y al otro se le pasan por encima muchísimas cosas, ni siquiera se detuvo a mirarse los pies. Tenés esa cara de estar siempre llegando tarde, le dice, porque vive estresado por lo que debe hacer en vez de estar en el momento. Yo me siento identificado con el neurótico, están muy bien descritos los personajes, pero se queda en eso, no hay progresión. No veo que se hayan mejorado el uno al otro…

J: Eso es verdad, el final es similar al principio. 

F: El final me hizo acordar mucho a esta película, Old Joy, de Kelly Reitchard, que muestra el contraste de dos amigos yendo de camping. 

J: No pudieron transformarse. Como que son las mismas personas después de ese viaje.

F: Y eso es lo que para mí quiso decir con que es una película de actor

J: Entiendo. Igual me parece muy verdadero cómo actúan, en especial Kieran Culkin. ¿A vos te parece que es medio forzado su personaje? 

F: Es que él tiene una herramienta tan buena que es difícil determinar si es mucho, viste. Uno agradece a un actor carismático, aunque haga una de más, como Pacino. Es difícil determinar eso. 

J: Es pesado, a veces insoportable. 

F: Creo que eso es a favor, porque la película tiene el punto de vista del otro, que siente invadido su espacio personal. Y Jesse Eisenberg también actúa bien, pero siempre es él. 

J: Sí, sí, un poco como [Martín] Piroyanski, ¿no? Ese neurótico woodyallenesco…

F: Total, creo que Jesse Eisenberg es quien mejor representa el neurótico desde Woody Allen, pero es como Owen Wilson, que para mí siempre es Owen Wilson haciendo cosas… Incluso cuando hizo de Woody Allen. Julián Lucero también, habla rápido, y me encanta, pero hay actores que son más camaleónicos y uno agradece un poco eso. ¿No sé, vos como actor qué pensás? ¿Alcanza con hacer lo que pide el papel o hay que tratar de generar un distintivo para el personaje? 

J: Y a mí me gusta más la composición, la temperatura, las texturas al actuar, ya me conocés. 

F: ¿Jesse Eisenberg las tiene?

J: No tanto. Kieran Culkin sí tiene una intención poética en el trazo de su expresión…

F: Sí, es difícil no mirarlo, siempre se lleva la marca. Pero, ¿viste Succession vos? 

J: No, ganó Globo de Oro con esa, ¿no?

F: Para mí es una de las mejores series de los últimos diez años. Y con un éxito tan grande pasa como con Friends, que uno se pregunta cuando termine la serie quién es el que la va a pegar en cine y quién va a quedar en ese personaje. 

J: Y para vos quedó Kieran en ese personaje…

F: No, no se sabe, es muy reciente… Son todos excelentes y cada uno está haciendo su experiencia, pero yo apuesto a que Kieran va a ser una estrella. Y si bien en Succession era muy ácido y casi lo opuesto a este personaje, porque esa gente nunca hablaba de sus emociones, todo el tiempo estaba estratégicamente conversando y todo es subtexto… Acá era todo para fuera, que te abrazo, que te quiero, es distinto… pero se lo ve muy parecido a la vez. 

J: A mí me atrae que un actor pueda estar con el cuerpo, que de golpe un chabón alce a otro, pegar una cachetada, ¿no? Qué se yo… la cachetada siempre garpa. Hay un proverbio idish que yo lo tenía pegado en la heladera, decía como que una bofetada se olvida, pero una palabra queda ¿no? 

F: En Bambalinas Deportivas había una frase muy parecida. 

J: ¿En serio? 

F: Sí, había un personaje que era Veneno Gastaldi, que era un jugador gordo con el talento de decirle algo al oído al rival y siempre le pegaban. Y uno decía: ¿Quién es más culpable? ¿El que provoca o el que pega? Porque una fractura se cura, pero las palabras perduran en el tiempo.

J: Mirá, justo. Ahora pensando, quizás esa cachetada que pega Jesse Eisenberg es un pequeño cambio, porque no es algo que haría antes, como que lo tomó un poco de la intensidad del primo, que es el único que llora, desconsolado, después de ir al campo de concentración. 

F: Esa misma posición de llanto, como doblado, tuvo mi hermano mayor después de ver La Lista de Schindler. Yo tenía doce años, y nunca lo había visto llorar… Se desarmó al final de la película y no era tan judío por ese entonces. Después se hizo ortodoxo, pero años después…

J: Y es que cada uno vive el horror a su manera. De eso trata la película también… ¿Cómo articulamos la memoria? ¿Cómo la ponemos en juego? ¿Y cómo nos afecta ese pasado horroroso que no vivimos? Porque somos tercera generación del campo de concentración. 

F: Mi abuela es sobreviviente, también polaca. Y como que lo que queda es el cuentito, ¿no? Porque hablar del tema es difícil… che abuela te quiero preguntar del Holocausto… no es algo que ella quisiera compartir. Yo solo tenía ese textito de cinco páginas que en su momento hizo para recibir la compensación de Alemania. Y me costaba mucho salir de esa historia oficial y que me contara algo que me situara ahí. Por ejemplo, en la escena del tren, viste que dice ¿Cómo podemos estar en primera clase yendo a un campo de concentración? Porque nuestros abuelos viajaban hacinados en tren durante días, sin espacio ni para sentarse… Y justo eso le pregunté, una vez, y me parece que me fui de mambo, pero me daba curiosidad…. O sea, ¿hacían sus necesidades ahí? No podía imaginar el olor, cómo se puede sobrevivir estando parado varios días… Y ya se vuelve un poco más real, ¿no? Pero no te metas ahí. No le preguntes eso a la abuela. Son esas cosas del horror que no llegamos a dimensionar. Los hechos son apenas la carcasa de lo que pasó. 

J: Ese es el desafío del arte también, evocarte algo que sucedió sin ser explícito. 

F: Sí, pero yo no la sentí… así como Culkin llorando. 

J: Yo tampoco. Tal vez la imagen de los zapatos, ¿no?

F: Pero ya la vi. Al final de Zone of Interest, que fue hace poco, y es buena pero también muy fría. 

J: A mí me movió algo al principio, ese tema de Chopin, porque siempre me hace llorar. Era polaco él, viste, porque decía Aeropuerto Chopin. Pero bueno, también yo ya estaba muy bien predispuesto para el evento, por tu invitación. 

F: Yo quizás por el propio ejercicio que estamos planteando, me encontré del lado de Jesse Eisenberg de la vida, porque estaba muy cerebral durante la película, analizándola y tal vez por eso no conecté emocionalmente.

J: Es que es un tour que hacen, y ya ser turista es un estado superficial. Para mí eso está bueno como elemento narrativo de la película. ¿Por qué eligieron un tour? ¿Por qué no fueron de mochileros? 

F: Yo escuché en una entrevista al director que tenía a los personajes, pero no sabía a donde viajaban y no sé cómo se le apareció lo del tour del Holocausto y dijo ah, cierra. Porque un tour del Holocausto es una forma de controlar el mayor dolor que pudo haber existido, no sé. Algo que debería ser una experiencia desgarradora, vivirla de manera educada…  Quizás es una autocrítica del director, que su personaje organizó el viaje (y él la película). Viste que al final todos le agradecen al primo y a él chau nos vemos… Como que era un denso, pero dejó una huella en los demás. 

J: Por eso no me parece menor el tema de la mercantilización de la memoria… 

F: ¿No tiene poco judaísmo para ser una película del Holocausto? Lo mismo me pasó con el negro de Rwanda, que habla del genocidio. 

J: Ese personaje no está bien escrito. 

F: Yo viví el genocidio y el otro dice, ¡Wow! Quiero saber todo de eso. ¡Y no se habla más en toda la película del genocidio de Rwanda! O sea, los secundarios están muy de contexto. 

J: ¿Para vos esta no entra en un listado de películas del Holocausto? 

F: No sé, no creo que entre con La Lista de Schindler. 

J: No la vi esa. 

F: No… la tenés que ver. 

J: Bueno, la primera vez que fui a un campo de concentración acá fue el otro día en la marcha porque querían cerrar la ESMA… Y no quería ir porque no quiero ver pajaritos volando ahí, no da. 

F: Yo pensé en la ESMA cuando estaban llegando al campo de concentración y dicen acá a 3 km había una ciudad y todos vivían normal, porque Av. Libertador estaba a cien metros. Creo que recién cuando vi Crónica de una fuga me di cuenta de la poca distancia que había…

J: Yo trabajé ahí. 

F: ¿Qué hiciste? 

J: Un personaje que estaba metido en un calabozo con Rodrigo De la Serna. Yo tenía un delirio místico en la escena, y [Adrián] Caetano me dejó atado antes de arrancar, con los ojos vendados en una cama y me dijo “ya venimos”… y me dejó ahí como una hora esperando. Y yo dije che, esto es a propósito, empecé a flashear… no sabés, me dejaron ahí…

F: ¿Te ayudó para el personaje o qué? 

J: Yo estaba entregado igual, Adrián Caetano, fílmico… el chabón te ponía la cámara en la trucha y se escuchaba… la filmó en 16mm, boludo. 

F: Sí, sí, ¿y qué te generó estar atado? 

J: No sé, todo. Estaba ahí, estaba ahí. Muy verdadero. Empezás a perder la concepción de tu propio cuerpo… te deshumanizan, ya no podés sentir nada, si no sos humano. 

F: Tremendo. Por eso la resiliencia que tuvieron nuestros abuelos es inimaginable. En especial comparado con nosotros, viste que lo dicen… La abuela sobrevivió a mil milagros para que los nietos fumen porro en el sótano… Y ni siquiera somos la generación de cristal. ¿Para vos cuál de los dos sobreviviría en el holocausto?

J: ¿De los dos primos? Seguramente el de Facebook. Porque el otro es más intenso, pero más débil. 

F: Es muy sensible, más frágil. Ese se muere. 

J: Seguro, no te dura una semana. 

Fernando Milsztajn y Julián Krakov
  • Fernando Milsztajn es periodista, escritor, guionista y director. Hace una década realiza series de comedia; entre ellas las premiadas Un año sin nosotros, Gorda y El sueño del pibe. También colaboró en División Palermo (Netflix). En 2023 publicó Persiguiendo a Yosef, su primera novela.

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  • Julián Krakov es actor, locutor y creador de contenidos audiovisuales con una trayectoria en cine, teatro y televisión. Ha recibido premios como el Clarín Espectáculos y la nominación a los Cóndor de Plata, además de desarrollar proyectos teatrales y documentales con apoyo del Instituto Nacional del Teatro y el Fondo Nacional de las Artes. Actualmente, se desempeña como director de casting y docente.

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