Martina Matzkin: “Tener empatía está hoy bastante denostado”

A lo largo de un año, Martina Matzkin y Gabriela Uassouf siguieron de cerca el trabajo cotidiano de Lucía, Maia y Yenifer en el Hogar Santa Ana, una residencia para adultos mayores que pertenece a la Provincia de Buenos Aires. Para dos de ellas, es la primera experiencia laboral fuera del ámbito de la calle. El resultado es Cuidadoras, un documental que revela los vínculos entre dos grupos de personas marginadas por la sociedad, y que se puede ver en cines de Argentina hasta fin de julio.

Filmada en 2022, en el film se llegan a ver los últimos vestigios de la pandemia, en el uso de barbijos y ciertos cuidados que nos recuerdan esa etapa vivida casi de ciencia ficción. Pero el COVID-19 atraviesa todo el proceso, porque las protagonistas del documental se formaron como “cuidadoras” en un curso que la Asociación Civil Mocha Celis (conocida como el “bachillerato para personas trans”) creó —junto a Cruz Roja, DINAPAM, SENAF, UNTREF y Ancestras— como respuesta a la necesidad de nuevas salidas laborales para el colectivo travesti-trans, necesidad que en pandemia se volvió aún más urgente.

“Cuando empezamos el proyecto no existía el cupo laboral travesti-trans”, explica Matzkin, que es voluntaria en la Mocha. Por eso, junto con Uassouf reconocieron que en la formación de cuidadoras trans había una fuerza narrativa y humana imposible de ignorar, y decidieron acompañar el proceso con la cámara. “Nos parecía que la película servía desde la militancia”, reflexiona.

Las decisiones formales del film —los planos cuidadosamente seleccionados, los diálogos preservados como pequeñas joyas cotidianas— logran que tanto las cuidadoras como el personal del hogar y lxs residentes se expresen con una naturalidad que sorprende, como si la cámara nunca hubiera estado allí. ¿Cuál fue la fórmula? Según Matzkin, se trató de “estar mucho tiempo ahí presentes. Estuvimos mucho tiempo antes de empezar a filmar y nos conocimos con todos”. Así, sorprenden escenas de diálogos crudos, pero también de un lente que sabe observar las miradas y los gestos que muchas veces el lenguaje verbal no puede captar. 

Ciudadoras se enfoca en los vínculos entre las cuidadoras y lxs adultxs mayores (“la comunidad”, en palabras de la co-directora) y, al retratar los cuidados obvios y los no tanto, vemos que el cuidado muchas veces es mutuo. Después de todo, en la visión de esta cronista, hay algo que une a los adultos mayores, los colectivos trans y al judaísmo, y es la otredad. No es menor que las directoras de este documental sean dos mujeres judías retratando otra otredad que es el mundo trans. Aunque cada colectivo tiene sus particularidades, hay algo de ser “otrxs” que nos une: vivir el sufrimiento de ser señaladxs como esos que no encajan dentro de la hegemonía social impuesta.

«Hay algo que une a los adultos mayores, los colectivos trans y el judaísmo, y es la otredad.»

¿Cómo dieron con el Hogar Santa Ana, donde transcurre la película?

Nosotras habíamos empezado la película en otro hogar y con otras cuidadoras. Pero en la pandemia todo eso se detuvo porque obviamente no podíamos seguir entrando a un hogar para adultos mayores. Las cuidadoras, por distintas razones, tampoco pudieron seguir trabajando ahí. Y todo eso que veníamos trabajando se desarmó. 

En ese momento nosotras empezamos a trabajar con la Mocha como voluntarias en el “Teje Solidario”, que fue una organización de emergencia creada para paliar algunos de los problemas que se estaban generando en la pandemia hacia el colectivo trans. Producto de la época que se estaba viviendo, en la Mocha comienza a surgir de muchas personas la inquietud de estudiar algo y tener otra salida laboral que no sea la calle, y que dé mayor estabilidad. Ahí fue que desde la Mocha se pusieron a pensar la posibilidad de generar cursos de “Cuidadoras”. Nosotras estuvimos acompañando ese curso desde el primer día, aunque después decidimos que lo que filmamos ahí no quede dentro de la peli. 

Y después pensamos en generar pasantías, y logramos que el Hogar Santa Ana alojara a estas tres mujeres trans durante su pasantía. De hecho, finalmente después las contrataron, lo cual fue muy bueno porque no era por obligación, era una pasantía, ellas estudiando y aprendiendo.

¿Cuál es su vínculo con la Mocha?

Nosotras venimos vinculadas con la Mocha hace bastante tiempo. Siempre estamos ahí militando, haciendo lo que haga falta. Por eso fue el lugar natural donde pensar qué hacíamos en ese tiempo en donde podíamos hacer cosas. De ahí surge la peli, digo, la estoy tratando de entender como un dispositivo más de militancia. Cuando empezamos el proyecto, no existía todavía el cupo laboral trans.

Aunque la peli no nace en la Mocha sino en ese otro hogar, nos parece que no cambia la esencia, que es el encuentro entre estas mujeres y estos residentes, que nos parecía muy movilizador. 

¿Cómo llegaron a enterarse que había cuidadoras trans en el primer hogar? No imagino que sea una información tan accesible.

No, total. Gaby [Gabriela Uassouf], que estaba trabajando en Acua Mayor —un canal de TV para adultos mayores—, entró al Hogar Balestra para una producción y vio que había una cuidadora trans que venía de toda esta militancia. Y dice, “¿cómo yo no sabía de esto?” Se le apareció una imagen súper interesante. Entonces, nos pusimos a averiguar y nos enteramos que había habido un curso de cuidadoras que había tenido un cupo para personas trans, porque estaban tratando de abrir a la diversidad. Ese curso ya no existía más. Ahí fue que empezamos a indagar y dijimos “esto está buenísimo para documentar”. 

«La esencia de la película es el encuentro entre estas mujeres y estos residentes, que es muy movilizador»

¿Cómo lograron que las dejaran filmar en un hogar, con población de gente mayor? 

La verdad es que es interesante poder retratar cómo funcionan estas instituciones, porque es un hogar público. A ellos les interesó sumarse al proyecto. Primero, para difundir el laburo que hacen, porque es un montón de laburo y está muy bien hecho. También les pareció interesante para los residentes, está bueno generar propuestas para los que están viviendo ahí. 

Y las cuidadoras también quisieron. Para llegar a eso nos presentamos, presentamos el proyecto, y dijimos que nos parecía que iba a ser un bien que esta película esté. Son personas muy valientes, porque nunca terminás de entender qué va a implicar filmar un documental. Obviamente hay residentes y trabajadoras que decidieron no aparecer, y está bien, porque de pronto disponerse a formar parte de una peli implica un montón.

¿Cómo lograron que la gente se desenvuelva con naturalidad, como si no hubiera una cámara?

Yo creo que tuvo que ver con estar mucho tiempo ahí presentes. Estuvimos mucho tiempo antes de empezar a filmar, nos conocimos con todos. Y no solo para que nos conozcan a nosotras, sino también nosotras conocer el lugar, las rutinas, y entender la energía y los tiempos del lugar, que es muy importante para después entender cuándo vas a filmar. De alguna manera, un poco pudimos pasar a formar parte de esa realidad. 

Por ejemplo, los residentes tienen sus habitaciones, pero están acostumbrados a que de pronto alguien entre. No es que abrimos una puerta y de pronto hay un extraño dentro de tu casa, sino que entra alguien a limpiar, o un enfermero, un cuidador u otro compañero residente. Y ya nos vienen viendo, acá y allá, y de pronto, che, ¿podemos entrar a filmar acá adentro? Entonces, no se sentía tan invasivo.

También tiene que ver con la cantidad de tiempo que está la cámara cerca tuyo. Al principio, capaz decís “muy buena la cámara, cómo estaré saliendo…», pero después de un ratito, te empezás a olvidar. Y nosotras estuvimos filmando a lo largo de un año.

Además, decidimos ser muy pocas personas filmando, con una cámara en trípode y micrófonos corbateros para poder no estar siempre, y hacer planos largos para esperar a que las personas se relajen y se olviden de que estamos ahí.

«Las cuidadoras que participaron son personas muy valientes, porque nunca terminás de entender qué va a implicar filmar un documental.»

Lucía, Maia y Jenifer, protagonistas de Cuidadoras.

¿Qué es el cuidado para vos? ¿Qué es cuidar?

Varias personas que vieron la película me han dicho esta sensación de que el cuidado tiene bastante ida y vuelta y recorrido, no es que va de la cuidadora al residente y ahí termina. En cambio, ¿quién cuida a quién? El cuidado va mucho más allá de las tareas específicas de las cuidadoras. Me parece que tiene mucho que ver con la empatía, con hacer algo por el otro, que en estas épocas es algo que está bastante denostado.

Hay una escena súper potente en que las tres cuidadoras están en la terraza fumando y hablando sobre su futuro, sobre qué van a hacer con sus vidas…¿Cuáles fueron sus sensaciones al filmarla y editarla?

Son cosas que ya veníamos charlando con ellas fuera de cámara. Fue una conversación larguísima y súper interesante; podría ser una película entera. 

La peli se filma en el Hogar y vos sabés que cada una tiene todo un bagaje en su pasado y por detrás: los familiares, la pareja, su pasado, de dónde viene. Hay algo que cada una carga, pero ahí se encuentran en una comunidad donde están ahí centradas. Entonces esa escena es un momentito donde hay algo más de ese mundo de ellas que se expande. 

Ellas están en este trabajo pensando por primera vez en tener una jubilación y en cómo van a pasar su vejez. No es cualquier cosa que estén pensando en su vejez.

«Ellas están en este trabajo pensando por primera vez en tener una jubilación y en cómo van a pasar su vejez. No es cualquier cosa que estén pensando en su vejez»

Martina Matzkin, co-directora de Cuidadoras.
  • Es Licenciada en Educación y periodista. Especialista en "Pedagogías de la Imagen". Desde hace dos años lleva a cabo el proyecto Caótica - prensa de cine y hace cuatro años produce ciclos de cine en distintos espacios de la ciudad.

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