En diciembre pasado, Felipe Goifman presentó Shtetele: Os Judeus de Rio Grande do Sul en cuatro proyecciones en sinagogas y centros comunitarios de Porto Alegre, Florianópolis y São Paulo. A seis meses de su estreno, AJLA publica el documental con subtítulos en español —por primera vez accesible para el público hispanohablante— junto a esta entrevista.
Goifman lleva décadas fotografiando Brasil para publicaciones como National Geographic, y sus trabajos documentales integran la colección del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo. Pero hay un hilo que atraviesa su trabajo más personal: la historia judía de Brasil.
Es una historia contada desde adentro. Por el lado de su madre, Goifman es la primera generación nacida en Brasil: su familia llegó desde Israel en 1956, después de que sus abuelos maternos —sobrevivientes del ghetto de Chernowitz, «die Kleine Wien», la ciudad del Imperio Austro-Húngaro que hoy forma parte de Ucrania— decidieran emigrar tras la guerra del Canal de Suez.
Por el lado paterno, la historia es igualmente intensa: sus abuelos llegaron a Brasil en los años veinte, militantes comunistas del movimiento judío progresista, que llegaron a ser expulsados del país por su activismo político y estuvieron a punto de ser entregados a los nazis por Getúlio Vargas. Su casa era un aparelho, un punto de encuentro clandestino donde se hablaba en ídish. Fueron presos políticos en Ilha Grande.
Goifman pasó su infancia en Belo Horizonte cruzando de una vereda a otra, yendo del shtetl bundista materno al kibbutz sionista paterno (que, literalmente, estaban en lados opuestos de una plaza). Esa tensión productiva lo constituye y define su obra, compuesta por una tetralogía de libros fotográficos: Beit: Sinagogas do Rio (2012), Em busca de Sefarad: De Portugal a Pernambuco (2018), Hakitia: Amazônia Hebraica (2022) y Shtetele: Os Judeus do Sul (2024). Cada libro, a su vez, tiene su documental.
¿Cómo llegaste a este proyecto sobre los judíos del Rio Grande do Sul?
Yo siempre trabajé como reportero fotográfico; mi trabajo se publicó en más de 20 países. Hice de todo, incluso cubrí al presidente durante dos años, pero principalmente me concentré en trabajos antropológicos, para revistas como National Geographic, y así empecé luego a hacer libros fotográficos en este estilo.
Pero después, cuando empieze a trabajar el tema judío, fue como bucear en mi propia vida. Desde entonces publiqué cuatro libros sobre migración judía en Brasil, cada uno con su film en paralelo.
Siempre intenté contar la historia de Brasil a través del prisma judío, de la presencia judía y su importancia en determinados ciclos económicos e históricos del país. Los judíos están presentes en Brasil desde las naves de Cabral. En el caso de Rio Grande do Sul, me interesaba especialmente esa historia de las colonias agrícolas, que es una historia poco conocida.

“El judío de bombacha existe y sigue activo”
Shtetele —el film que aquí presentamos— es la obra más reciente de Goifman. La película abre una pregunta: ¿qué queda de los pueblos agrícolas que los inmigrantes del Imperio Ruso construyeron en el sur subtropical de Brasil? El propio fotógrafo lo describió alguna vez como un mundo que no se parecía en nada a la monotonía gris de Besarabia: colorido, mezclado, casi un nuevo planeta. «Casi ningún judío de otro lugar de Brasil imagina que existen sinagogas funcionando en Erechim, Passo Fundo, Santa María o Pelotas», dice el cineasta. El libro y el film —resultado de 70 días de viaje por el estado— son en parte un intento de remediar ese desconocimiento.
El documental narra que la presencia judía en Rio Grande do Sul comenzó con colonias agrícolas. La primera es Philippson, fundada en 1904 por Franz Philippson, un banquero belga que tenía el monopolio de la construcción de ferrocarriles en la región. Después, el barón Maurice de Hirsch compró una vasta extensión de tierra —unas 93.800 hectáreas—, y allí se formó la colonia de Quatro Irmãos. Los primeros colonos llegaron desde Argentina, en 1912, para montar la infraestructura.
La vida en las colonias era, en cierto sentido, un revival del shtetl europeo. Mientras la situación de los judíos en el Imperio ruso se tornaba insoportable (con más de mil nuevos decretos que regulaban dónde vivir, el numerus clausus para la universidad, los impuestos), en Brasil podían restaurar su estilo de vida que cruzaba agricultura, halajá y vida cultural ídish. En las colonias había cine, carnicería, teatro, una orquesta. Incluso, la primera cooperativa de Brasil se fundó en Quatro Irmãos. Pero el plan «perfecto» se desmoronó bastante pronto.
Como la mayor parte de los judíos que vinieron a la región no tenía necesariamente aptitud agrícola, la colonia de Philippson terminó en 1923. ¿Cómo elegiste entonces a los protagonistas del film?
En Quatro Irmãos la colonia duró un poco más, y resolví usar como personajes a los judíos que resistieron en el mundo agrícola, notadamente la familia Agranionik, de Erechim. El patriarca, Mauricio, murió el año pasado, poco antes de las inundaciones que devastaron Rio Grande do Sul. Mauricio fue el fundador de un CTG y representa quizás el carácter del judío gaúcho: un grupo de personas que respetan tanto la tradición judía como la tradición gaúcha.
En el film hay testimonios de otros descendientes que siguen viviendo en la región y que afirman que “el judío de bombacha existe y sigue activo hasta el día de hoy”. Son personas vinculadas a la agricultura en una zona donde la comunidad judía local reúne a unas 200 personas, con una edad promedio de 80 años. Ellos llevan la voz del film, que no tiene voz en off. ¿Por qué esa elección?
Yo siempre mezclo la identidad judía con la nueva vida en Brasil, con la multiplicidad, el hecho de ser judío y también ser brasileño. No quiero imponer una lectura. En el caso del Rio Grande do Sul, hay algo más: ese territorio tiene mucho más que ver con Argentina y Uruguay que con el resto de Brasil. Creo que este tema es más interesante para los argentinos que para los brasileños, aunque sea una historia brasileña.
El film se estrenó en diciembre con presentaciones en Porto Alegre, ciudad que recibió a la mayoría de los judíos que vivían en las colonias de Rio Grande do Sul. ¿Cuál fue el recorrido de la película luego de esas proyecciones?
Este film es prácticamente inédito. No lo he inscrito en ningún festival de cine porque no puedo decir que está terminado. Tengo mucho más material y, con mayor presupuesto de postproducción, podría ser un largometraje.

Historias judías, historias universales
¿Cómo pensás el público de tu obra? Tu trabajo se mueve entre la comunidad judía —que compra los libros— y un público más amplio al que apuntan los films. ¿Es esa una tensión que sentís, o más bien una elección consciente?
Existen dos miradas. Una mirada interna: la mayor parte de los que compran mis libros son judíos. Son libros de arte, coffee table books, y la impresión es muy cara.
Pero los filmes tienen un público mucho más grande, y quiero que sean más abiertos. Mi mirada parte de la formación de la cultura brasileña e intenta mezclar todo lo que es la identidad judía —ashkenazí, sefardí, mizrají— con la nueva vida en Brasil, con las identidades locales.
Esos dos lados de la vida, esa duplicidad, sucede en en la Amazonía, en Rio Grande do Sul, en el nordeste, en Río de Janeiro, en Sao Paulo, y en todos los lugares donde yo fui a fotografiar, filmar, entrevistar, y bucear en la identidad judía de Brasil. En cada lugar los judíos tuvieron una importancia particular para la formación económica y social del país.
Podemos hacer historias judías que emocionen a los judíos. Pero también podemos contar la historia de conflictos más generales que tengan un protagonismo judío pero un poco más integrado con las identidades locales. En una época de tanto antisemitismo, es importante que tengamos un poco de empatía. El mundo hoy es muy antisemita, y cuando la historia se queda exclusivamente en la judeidad, sin traer las otras identidades, se vuelve un poco cerrado.
¿Eso es lo que buscabas con tu trabajo sobre los bnei anussim, los descendientes de los marranos en el Nordeste?
Exactamente. El tema de los bnei anussim, los cristianos nuevos que vuelven al judaísmo en el nordeste de Brasil, involucra el cristianismo, España, la Inquisición y la expulsión… Es un poco más universal que, por ejemplo, la historia amazónica, que habla más de los judíos marroquíes, o la historia del sur, que habla de la inmigración ashkenazí y el Barón de Hirsch.

¿Cómo se vincula tu película con producciones anteriores sobre las colonias judías de la zona?
Acá se hizo un film sobre las colonias de Barón Hirsch que es una mega producción apoyada por una de las más grandes compañías brasileñas. Tiene un perfil internacional, y habla de la familia Hirsch y de sus colonias. Mi película se centra en Rio Grande do Sul.
¿Qué te impulsa a seguir haciendo este trabajo?
Creo que mi trabajo es, antes que todo, un intento de preservar la memoria, la historia, la tradición, el amor por el judaísmo, por Israel, por todo lo que es judío. Esa es mi herencia de mis abuelos y mis padres. Cuando nací, la población judía en Brasil era de 150 mil personas; en Argentina hablaban de 300 mil. Lo que más hubo después —además de una gran migración a Israel— fue asimilación. Eso me preocupa, y es lo que me mueve.
El futuro
¿Qué sigue después de Shtetele?
Mi próximo proyecto es sobre la inmigración judía en São Paulo, en el barrio de Bom Retiro. Ya tengo el libro listo. Y tengo también un sueño: hacer un trabajo en las colonias del Barón de Hirsch en Argentina. Siento mucha falta de no tener un espacio en Argentina, donde vive la población judía más grande de Sudamérica. Es un país que tanto amo. Recorrí todo el país, y escucho mucho a Spinetta, a Charly García, a Mercedes Sosa, a Atahualpa Yupanqui. Quisiera tener un poco más de penetración en ese país.
¿Tienes previsto realizar nuevos documentales?
Estoy intentando organizar una serie para televisión sobre la inmigración judía para Brasil a partir de mis filmes. Tengo material como para seis films distintos. Pero hasta ahora los hice solo, sin apoyo financiero. El film sobre los marranos lo enviamos al Jewish Film Institute de San Francisco intentando un apoyo, y ahora busco un co-productor para mis films. Hacerlo solo es muy difícil.




«Shtetele: Os Judeus de Rio Grande do Sul» está disponible con subtítulos en español en aj-la.org.
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Agustín Jais (Buenos Aires, 1985) es artista y diseñador. Fundó el Club Cultural Matienzo, donde fue curador de exposiciones y director artístico de festivales y programas de residencia. Trabaja como consultor para organizaciones dedicadas a la educación judía y la inclusión social. Fue speaker en congresos internacionales, traductor de inglés y hebreo y docente de arte y cultura digital. Vivió en Jerusalem entre 2020 y 2023. Es presidente de AJLA.
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