“En Argentina yo, y los Ramones en NYC” (Pelotuda, Post Mortem)
Desde su nacimiento, Dillom estaba predestinado a ser un gran artista. Al menos así lo imaginó Mariano Masa, su padre, que lo llamó Dylan, un poco por Bob, pero más por Dylan Thomas, el poeta. Para no quedarse corto, de segundo nombre le puso León, por Gieco. Pero hasta la lista de nombres suplentes parecen haber encarnado en su personalidad: “Podría haber sido Dandilon, que es el hijo de Keith Richards, o Demian, por el libro de Hesse, pero era muy diabólico”. Repasemos: Bob, Thomas, Gieco, Richards, y Demian, el niño de La Profecía. Como Dillom, que cumplió con la suya: se convirtió en un cantante de protesta, poeta gracioso y rebelde, insertado en una película de terror.

La influencia de su padre va mucho más allá del nombre. Mariano de chico era skater, tocaba la batería y tuvo algunos grupos punk con los que se presentó en varios espacios del under. A los dieciocho años incluso le ofrecieron ser plomo en los shows de Los Ramones y Motorhead en Argentina. Renunció a su trabajo y aceptó. “Chau, no me importaba nada. No había más que eso”. Sin embargo, en su casa se escuchaba de todo, desde jazz y bossa nova hasta chacarera y, por supuesto, rock. Dillom mamó todo eso desde la infancia, y ahora sus discos cruzan géneros, a veces hasta dentro de una misma canción. Pero ¿todavía? no incorporó los nuevos gustos musicales que adoptó su padre hace quince años: desde que se convirtió en ortodoxo, la música judía suena en su casa sin parar. “Está como taladrante”, confiesa Mariano, que adoptó el nombre Jaim Eljanán.
Los tiempos cambian, y las personas también. De punk a religioso ortodoxo parece haber un largo trecho; pero para él no es necesariamente así: “A mí Dios me hizo con oídos, ¿sabés? Y el placer de escuchar música te mueve otra cosa adentro”. ¿Cómo es ser el padre de uno de los artistas más importantes del momento? ¿Qué hay de cierto en la historia de Dillom durmiendo en la plaza? ¿Qué tiene que ver el judaísmo en todo esto?
Mariano Jaim nos recibe en su local de pinturas para autos en jean, borcegos, gorra y con los brazos llenos de tatuajes. No tiene el clásico look de un judío religioso, con traje negro, galera y peyes. “No somos religiosos del nivel de los Satmar, que ni siquiera usan ropa hecha por alguien, se la hacen ellos, como si fueran amish…”. Igualmente en su casa se respeta el shabat, se come kosher y se cumplen los preceptos de la Torá.
¿Cómo conciliás el punk que fuiste con la ortodoxia? No es lo mismo romper reglas que seguirlas.
Yo soy terrible punk hoy. La observancia me parece más punk que cualquier cosa. Hoy que está todo digerido, que te venden todo cocinado, masticado, ir para el otro lado es un acto de rebeldía gigante. Se trata de dejar de hacer todo lo que te marcan las redes, la calle…
De todos modos, entre un punk y un religioso hay cierta distancia. En especial si tienen que convivir, como sucedió en parte de la adolescencia de Dillom. Así lo contó el cantante en Infobae: “Yo mucho en esa casa no encajaba. Era una crianza a la que no estaba acostumbrado… y al mismo tiempo tener que darle el ejemplo a mis hermanitos de algo que no soy. Entonces de tantas discusiones hubo un momento en que me dijeron bueno, pibe, fijate a dónde vas”.
«La observancia me parece más punk que cualquier cosa. Hoy que está todo digerido, que te venden todo cocinado, masticado, ir para el otro lado es un acto de rebeldía gigante» —MJM
«Creo que por fin encontré mi nueva piel, me siento mejor que nunca» (Buenos tiempos, Por Cesárea)
Muchos se ha escrito sobre por qué ciertos artistas judíos se cambian el apellido. Algunos lo hacen porque es difícil de pronunciar, otros por temor al prejuicio, a que los encasillen o los persigan por ser judíos. Lo que no se pregunta tanto es por quienes eligen el camino inverso, como Mariano Masa. No había (casi) nada en él que indicara que era judío, pero en un momento de su vida se acercó al judaísmo y decidió que se llamaría Jaim. ¿Por qué hay judíos que se cambian el nombre para parecer más judíos?
Mariano se crió en el barrio del Once, con una madre descendiente de judíos de Rusia y un padre medio ausente. Su contacto con la religión era prácticamente nulo cuando se casó con la madre de Dylan. Ya divorciado, empezó a salir con Joana, una ex colega de cuando trabajaba haciendo ropa. Ella ya comía kosher. “Nos invitaron a un shabat y la verdad que sentado ahí un viernes después de laburar todo el día, pensé pará, yo quiero esto para mi casa. Después me agarró el rabino y me dijo usted por qué no viene a ponerse tefilín… Y nos fuimos metiendo. Me sentí atraído, contenido… Dijimos si vamos a hacer un hogar, vamos a hacerlo bien, ¿viste?”. Así comenzó su retorno al judaísmo. Para ese entonces, su hijo Jonás tenía un año y medio. Dylan, de ocho, vivía entre su casa y la de su madre.
Es un gran cambio pasar a la observancia, ¿las reglas no contrastaban con tu estilo de vida?
Al principio es una decisión fuerte. Porque decís ¿tengo que dejar de hacer todo esto? Hasta que le pegás una vuelta y pasa a ser no, al contrario, soy feliz haciendo todo esto.
Por supuesto, un cambio tan drástico genera movimientos. El despertar espiritual es un camino muy personal, pero también burocrático y complicado. Mariano y Joana tuvieron la suerte de dar el salto al mismo tiempo. Y no fue sencillo. Él tuvo que demostrar su origen judío, porque el proceso de conversión para un goy es largo, requiere de mucho estudio y no suele hacerse por amor: “Mis abuelos eran de la Unión Soviética y no tenían papeles. Eran anarquistas, no le pidas visa, ni ketubá, ni siquiera un lugar de entierro”. Finalmente, su rabino lo ayudó a conseguir un turno en un tribunal en Israel, donde les permitieron casarse. “Fue un año y medio de tocar puertas y chocar contra la pared”.
¿Qué pensaba Dylan de tu acercamiento a la observancia?
Dylan vio todo el proceso. En un momento costó, inclusive por temas de horarios, porque a un chico que tiene los padres separados le toca el finde con el papá y che, no, mirá, yo puedo después de las ocho de la noche el sábado, antes que no me llame.
“Es viernes por la noche y no estás en ningún lado” (Cirugía, Por Cesárea)
Un día, a las seis de la mañana, diez policías entraron a la casa de Dylan para llevarse presa a su madre. Él tenía quince años y el centro de su vida ya era la música; por eso, además del trauma de ver esposada a su mamá, le preocupaba que se llevaran también las canciones que guardaba en su computadora y celular. Un policía se apiadó de él, escaneó su pendrive y al menos le dejó un puñado de tracks con los que pudo hacer su primer show ¡al otro día! Claro que antes, necesitaba que su padre atendiera el teléfono: “Justo era un sábado, día festivo, y si él no atendía, yo iba a terminar en un instituto de menores”, le contó a Julio Leiva en la entrevista de Caja Negra. Por fin pudieron comunicarse y Mariano le explicó al policía que era shabat y no podía ir a buscarlo. “Hasta ese punto llegaba su observancia”, se sorprende Dillom, que finalmente lo convenció de romper las reglas por esta vez para manejar hasta la comisaría.
Hasta ese momento, el músico había elegido el entorno de una madre con problemas de drogas y novios violentos antes que la casa paterna, donde no compartía las costumbres. “No me sentía en mi casa, era como si me estuvieran haciendo un favor —recuerda—. Y como no me dejaban ser, optaba por el libertinaje”. Pero luego del allanamiento tenía que adaptarse. “La verdad que Dylan estaba en el pico de la adolescencia—admite Mariano—. Y hemos tenido discrepancias, peleas, pero nunca por el tema religioso. Me mataba que quería salir un viernes y para nosotros la incomunicación era un problema. Che, me voy, te toco el timbre 5 a la mañana. Era un tema. Había contraste porque el tipo es un punk y en una casa religiosa, viste…”
¿Es creyente Dylan?
En notas dijo que pasó de ser agnóstico a descreer de todo tipo de influencia divina, hasta darse cuenta de que no todo es casualidad, que hay algo que él tenía que agradecer. Me alcanza con que aprenda que no hay que hacerle mal al prójimo. Lo demás se aprende por el camino.
Según Mariano, Joana hizo lo posible para que Dillom se sintiera en casa. Le montó la habitación con un póster de Ill Communication, de Beastie Boys, y le compró un acolchado de AC/DC. De todos modos, los choques eran inevitables. Dylan se la pasaba haciendo beats, que empaquetaba y vendía. “La música se escuchaba en toda la casa y un día le dije basta, son las dos de la mañana —cuenta el padre—. No, pero yo me voy a dedicar a esto, me dijo. Entonces vamos a hacer una cosa, si vos te vas a dedicar a esto tenés que ser el mejor”. Dillom se lo tomó como un desafío personal.
“Justo era un sábado, día festivo, y si mi papá no atendía, yo iba a terminar en un instituto de menores” —Dillom

“No necesito tu bienvenida” (La Primera, Post Mortem)
Dillom contó en entrevistas que los cortocircuitos que tuvo con su padre lo llevaron a dormir en una plaza para luego terminar como “hijo adoptivo” en la casa de un amigo de la primaria. Todavía hoy vive ahí. Su obra está atravesada por su cruda realidad, como en Post Mortem, donde canta: “Mi familia preocupada porque me tomo el palo. Yo no hablo de mi vida, esa mierda es muy triste”. Esa noche de indigencia puede entreverse también en el estribillo de Buenos tiempos: “Podés encontrarme por ahí, perdido sin Waze, jalando popper con los gays… ¡El día que muera, moriré en mi ley!”
No debe haber sido fácil tampoco para ese padre religioso que debió enfrentar sus tradiciones en la convivencia con una estrella incipiente como Dillom. “Cuando empezaron estos choques mi esposa estaba embarazada del tercero. Ya teníamos dos chiquitos, había mucha diferencia de edad y un día se puso bastante bravo. Yo estaba quemado, laburaba muchas horas, llegaba y era una catarata de problemas: que Dylan esto, que lo otro. Y un día lo senté y le dije: tenés dos opciones; o te vas con tu mamá —que estaba viviendo en Misiones con su abuela—, o te vas a Ushuaia con tu abuelo, porque yo acá no te puedo tener. No, me dice, yo me voy a ir a la calle. Bueno, no hay problema, andate a la calle. Bueno, me voy ahora. Dale, chau”.
¿Pensabas que lo iba a hacer?
Sí, y estaba en todo su derecho. Fue la peor decisión de mi vida y hasta que me muera creo que va a ser una de las peorcitas. Por suerte lo pudimos conciliar. Él se mudó con unos amigos a tres cuadras de casa, gente de primera, que eran compañeros del colegio. Hasta el día de hoy nos juntamos todas las fechas importantes, porque somos casi familia.
“Fue la peor decisión de mi vida y hasta que me muera creo que va a ser una de las peorcitas” —MJM

En el momento de mayor tensión, fue Martín —socio y amigo de Mariano— el consejero que convenció a Dillom de hacer terapia para atravesar el conflicto. ”Yo la primera vez que vi a la terapeuta tenía mis dudas —admite el padre—. Una pibita joven con dos aritos de perla… digo a esta le va a venir Dylan con dos más, la van a encerrar en el baño y le van a llevar la computadora”. Y tan errado no estaba, porque el músico admitió en una entrevista en Clarín que sus intenciones no eran las mejores: “Pensé, mándenme a una psicóloga a ver si ella me deriva a un psiquiatra y puedo conseguir pastillas más fácil. Pero fui y me re sirvió. Me cambió la vida”. Ocho años después, ella sigue siendo su terapeuta. Mariano siente que juntos hicieron “un trabajo interno de fondo muy fuerte”. Sin embargo, en el mientras tanto la situación era tensa, porque padre e hijo trabajaban juntos cuando Dillom se fue de la casa. Y siguieron viéndose en ese contexto a pesar de estar peleados.
¿Cómo era trabajar juntos durante esa etapa?
Dylan me pedía plata y yo le decía que tenía que trabajar para conseguirla. Por eso seguía laburando conmigo. En realidad yo le pagaba un sueldo para mirarlo, más que nada. Hasta que un día vino y me dijo que no iba a ir más al colegio porque necesitaba tiempo. ¡Le faltaban cuatro meses para terminar! No vengas más a trabajar, le dije, te pago el sueldo y seguís yendo al colegio. No, a trabajar tampoco porque me saca tiempo. Yo andaba que lloraba, no sabía qué hacer. Fui a ver si podía retomar el año que viene, ¡estaba tirando todo por la ventana! Sexto año, doble escolaridad, en industrial. Y a la semana, uno me vio preocupado y me dijo ah, ¿pero sos tarado? ¿No lo viste a tu hijo en YouTube? Ya tenía un millón y medio de vistas.
“Yo lloraba, no sabía qué hacer. ¡Estaba tirando todo por la ventana! Y a la semana, uno me vio preocupado y me dijo ¿Pero sos tarado? ¿No lo viste a tu hijo en YouTube? Ya tenía un millón y medio de vistas” —MJM
“Yo no tengo sueños, tengo planes” (Pelotuda, Post Mortem)
No siempre el talento se abre paso con naturalidad, pero el ascenso de Dillom fue meteórico. Su carisma, sentido del humor y desfachatez, sumados a su combinación de beats con melodías pop y una visión cinematográfica (que se inspira mucho en el terror), irrumpieron en la escena musical hasta llegar al pogo de estadios (11 de septiembre en Velez Sársfield). “Su búsqueda musical me sorprende. En este último disco, Ciudad de la Paz es un tema meloso de Aspen —se entusiasma Mariano—. Pero el tipo se lo toma como algo natural porque es como que nació para esto, y trabajó para este éxito. Le puso mucho huevo, sabía lo que quería”.
La planificación de su carrera es casi una excepción en la industria. Dillom se convirtió en empresario al crear su propia discográfica (Bohemian Groove), con la que produce otros grupos. Esa independencia le permite ir a su ritmo, como explica su padre: “Hoy si vos no te mantenés en los carteles de la calle no salís más. Los músicos exitosos son empleados de las empresas y cada tres meses tienen que sacar una canción, que sea igual que la anterior y si tiene una coreografía para TikTok mejor. Y después sacaste cinco, seis simples y ni siquiera podés armar un disco porque es una bosta”. A contramano de la corriente, Dillom se tomó tres años tras el éxito de Post Mortem para idear su siguiente obra, un disco conceptual que resultó un clásico instantáneo. Por Cesárea fue una apuesta arriesgada de un artista joven pero maduro, y lo llevó a su consagración.
“Tiene unos socios muy inteligentes y buenos tipos —agrega Mariano—. Andy es un artista audiovisual de locos, y además un ser humano precioso. Igna es más de los números, un tipo que está siempre tranquilo. La verdad es que Dylan no me pidió nunca nada, porque no tengo qué aportar. La primera vez que fui a uno de sus rodajes eran cien personas laburando, con grupo electrógeno, cablerío, cámaras, travelling, vestuaristas… y me quedé helado. Yo pensaba que iban a ser tres pibitos con una cámara. Y dije, loco, ¿toda esta gente labura por la idea que le sale a Dylan de la cabeza? Vos vas a un show y son cien familias que se sustentan con eso”.
“La primera vez que fui a uno de sus rodajes eran cien personas laburando, con grupo electrógeno, cablerío, cámaras, travelling, vestuaristas… y me quedé helado. Yo pensaba que iban a ser tres pibitos con una cámara. Y dije, loco, ¿toda esta gente labura por la idea que le sale a Dylan de la cabeza?” —MJM
“Voy a ser grande en esto de la música. Sé que los buenos tiempos ya van a llegar” (La novia de mi amigo, Por Cesárea)
El costado confesional de las letras de Dillom respeta una tradición que viene del rap, con referentes como Kendrick Lamar. Aunque los problemas de drogas de su madre lo emparentan más a Eminem, en especial en Últimamente, donde relata un intento de suicidio (“Las pastillas son lo único que heredé”). En una entrevista con Tomás Rebord detalló su propio período oscuro: “Me drogaba muchísimo, mínimo cuatro clonazepan por día. Y hoy nada que ver. Porque la adicción es un problema si no tenés una pasión y yo tengo la música. Cuando vi que interfería con lo que quería hacer, lo largué a la mierda. Sentía que iba a perder mi gracia, mi carisma, pero con el tiempo me di cuenta que mi mejor versión es más lúcido que la mierda”.
¿Cómo impactan letras tan explícitas en su familia? “Yo nunca le pregunté por caballerosidad, porque no correspondía”, dice Mariano.
¿Sabías que le estaba pasando algo y no podías acercarte?
Yo siempre traté de inculcarle el camino del hombre, que vino acá a aguantarse la calor con saco, como dice el dicho. Si te toca sufrir, poné cara de que no duele. Después, con la deconstrucción que vino ahora, el hombre se corrió de su papel. Pero yo soy medio rústico, ¿viste? El hombre nació para sacrificarse en pos del resto, está hecho para servir. Mi mamá siempre me decía el que no vive para servir, no sirve para vivir. ¿Te tocó la mala? No la traspases a tus seres queridos. Pero bueno, cada uno tiene su experiencia, su forma de resolver sus cosas, a uno lo ahoga y a otro no le importa. Me consta que Dylan ha sufrido, pero yo le ha dado herramientas de resiliencia… Yo sé que es un pibe centrado. Hay gente que tiene suerte y no le pasa nada, y a otros les pasan cosas. Y él pudo capitalizarlo, ponerlo en su música, en otro lugar.
La audacia de Dillom es una de sus grandes virtudes. En una época donde todos cuidan sus palabras por temor a la cancelación, el atrevido sacó un disco desde el punto de vista de un femicida. El riesgo era enorme, pero su premio fue un reconocimiento inmediato y unánime del público, la crítica y la industria. Algo bastante inusual que lo catapultó a la masividad. Dillom parece no tener miedo a nada, como quedó inmortalizado al confrontar con Pistarini, un libertario que no calculó las consecuencias de tuitear contra el cantante mientras compartían avión. En tiempos de grieta, muchos artistas prefieren no opinar de política por el hate de las redes, pero él toma postura, y su padre está orgulloso: “Yo siempre estoy expectante de que haga algo más. El año pasado tocaba en Cosquín y fue bastante problemático porque dijo lo del ministro de Economía. Y le dije, loco, salí a prender fuego todo. No soy mojigato, ni me escandalizo de nada”.
“Me consta que Dylan ha sufrido, pero yo le di herramientas de resiliencia. Hay gente que tiene suerte y no les pasa nada, y a otros les pasan cosas. Y él pudo capitalizarlas y ponerlas en su música” —MJM
“Yo soy el rock” (Dillom, en vivo en el Quilmes Rock 2025)
No es casual ese cover de “Sr. Cobranza” para pegarle a Luis Caputo. La canción de Las Manos de Filippi es ya un ícono del fin del menemismo. Y Bersuit fue, tal vez, una de las últimas bandas argentinas que canalizó en su música el descontento social (Wos y Los Espíritus, con su gran disco Agua Ardiente, son algunas gratas excepciones). Dillom parece reclamar el rol contestatario del rock, del que, una vez más, se anuncia su muerte prematura. En Por Cesárea se pueden encontrar decenas de Easter eggs comentando el ascenso de Milei: hay videntes, perros muertos, algún esquizo al que quieren medicar y demonios que hacen los coros. “Creo que alguien anda debajo de mis sábanas», canta en “Muñecas”; y en “Reiki y yoga” cita la frase de Guillermo Moreno cuando decía que el presidente no tenía “noción del espacio y del tiempo”. Pero la mayor crítica está en “Mi peor enemigo”, que curiosamente tiene de invitado a Andrés Calamaro, alguien que ve a Milei con buenos ojos. La letra parece ser escrita por un votante decepcionado por la promesa electoral: «La vida pasa rápido puta tic tac. No hay nada bueno en lo malo me cago en el Ying Yang”. Finalmente, el propio Dillom dejó de lado las sutilezas en el Quilmes Rock cuando cambió la frase del estribillo: «El día que me muera morirá Mi-ley”.
Nada de esto es casual. La familia Masa ha sufrido en carne propia la violencia política: “Yo soy hijo de una desaparecida —revela Mariano—. Después apareció, pero a mí me devolvieron media mamá. Por eso vos podés votar a uno, a otro, pero yo le vi la cara al enemigo”.
La admiración del padre fue creciendo a la distancia, hasta llevarlo a reconocer sus errores. “Fue después de verlo comandar un escenario en un recital en el hipódromo, durante la Pandemia. Todo lo que había pasado estaba muy fresco. De hecho, no vivía con nosotros, nos visitaba muy esporádicamente en esa época. En el recital había unas mil personas, y cuando Dylan bajó del escenario le dije: loco, yo tengo que pedirte disculpas. Y no es porque te vi arriba en el escenario, porque piense que estás ganando plata con esto. Es por tu visión, que yo en su momento no vi, para mí eras un pibito que dejaba el colegio porque se iba dedicar a la droga. Yo no vi lo que estabas viendo. Y te pido disculpas por no haber confiado”.
¿No es extraño que, habiendo vos mismo deseado ser músico, no le hayas dado más apoyo en su búsqueda?
Nadie confió en mí en su momento tampoco. Nadie. Yo fui de la época en que con la guitarra, la patinetita, te vas a cagar de hambre. A los artistas muchas veces nos pasa… Y siempre lo relegué a un hobby, ¿viste? Por eso sentía que era su hobby. Yo era muy bueno en muchas cosas y hoy soy consultor. Pero no me quejo, todo me trajo hasta acá.
“Para mí eras un pibito que dejaba el colegio porque se iba dedicar a la droga. Yo no vi lo que estabas viendo. Y te pido disculpas por no haber confiado” —MJM
“Le prometí a mi papá que iba a ser el mejor” (La Carie, Por cesárea)
“Hoy nos llevamos piola con mi viejo —le contó Dillom a Tomás Rebord—. Demostré que tenía idea de lo que estaba haciendo. A ellos les daba vértigo que largue todo… y al mismo tiempo no me podían decir nada porque no vivía con ellos. No tenían voz ni voto en lo que yo decidía”.
Por supuesto que la reconciliación no fue fácil. Tuvo que pasar tiempo y esperar al contexto adecuado para que la herida por fin cicatrice.
¿Cómo fue que lograron recomponer el vínculo?
Él nunca dejó de pedirme cosas y… necesitaba sacar el registro. Mi esposa armó toda la situación: le dijo tomá mi auto, aprendé así, asá, y yo lo acompañé a rendir. Fue durante la pandemia, y todo el camino hasta allá fue especial. Hacía rato que no estábamos solos, ¿viste? Y a la vuelta le dije ahora manejás vos. Y ahí hubo como un bálsamo. Fuimos a buscar a los chicos al colegio y volvimos. Era la primera vez que entraba a casa desde la pelea. Fue lindo, él estaba muy contento.
Hoy Dillom es uno más de la familia. Incluso suele participar en las principales festividades judías. “Es un tipo que tiene por ley, al menos una vez por semana, tomar la merienda con sus hermanos, ¿entendés? —explica Mariano—. El domingo tocó en el Luna Park y el lunes va a buscarlos al colegio. Él tiene mucha cercanía con mi esposa, a veces están todo el día hablando y yo me entero a la noche. Y me dice, che invité a Dylan a la fiesta del 25 de mayo. Y el pibe va a la escuela y se le trepan, los padres le sacan fotos, los auxiliares del colegio, el que estaciona los autos, y él se sienta ahí con la mejor. Esa es la gran fortuna que nosotros tenemos en la familia. Había muchas situaciones que podían salir mal y salieron con una perspectiva mejor todavía”.
Si bien el choque cultural fue importante, Dillom no reniega del judaísmo porque es parte de su tradición. “Él conoció toda la liturgia de punta a punta, pero nunca le interesó. Igual es un tipo muy respetuoso, de hecho el domingo estuvo en un casamiento con nosotros, chocho de la vida. ¡¿Me invitaron a mí?!, dijo. ¿Entendés? El tipo siempre fue un caballero, la gente lo ha recibido de primera, en el templo lo conoce todo el mundo”. Según Mariano, él nunca intentó imponer su creencia al hijo. Lo ha llevado al templo en shabat, pero nunca obligado: “Yo no puedo influir en lo que realmente le guste, no me siento con derecho, porque a mí nadie me influyó”.
Un padre y un hijo, ¿cómo que no hay influencia? Es natural.
Sí, obvio, pero él viene de otro palo. Es distinto con mis chicos que nacieron con la ortodoxia desde el día uno. Que no te asegura nada, porque el día de mañana cada uno elige su camino y está bien. Te puede gustar más o menos, pero el camino es el de cada uno.
“Dillom conoció toda la liturgia de punta a punta, pero nunca le interesó. Igual es un tipo muy respetuoso, y en el templo lo conoce todo el mundo” —MJM
Si bien no hay rastros de judaísmo en sus letras (“yo creo que no se quiere meter en quilombos”), recientemente Dillom hizo una colaboración a distancia con Noga Erez, una artista israelí. “Un día me dijo que quería ir a Israel. Es la meca de un montón de otras cosas también, de lo moderno”, cuenta Mariano, que tiene familia allá. Sus sobrinos israelíes se ilusionan con que haga un recital en Jerusalén: “Le dan bastante manija, lo quieren meter en la yeshivá”.
El tiempo acomoda todo, y hoy padre e hijo tienen una gran relación. Todavía no volvieron a compartir ensayos, como cuando era chico, pero Mariano no tiene prisas: “algo vamos a hacer”.
¿Estás cumpliendo un sueño a través suyo?
Sí, totalmente. Para mí todo su éxito es por lo buen tipo que es y su trabajo… pero también es un guiño del cielo para mí. De arriba me están diciendo loco, tomá, lo hiciste bien. Yo soy egoísta, pienso que Dios hace todas las cosas para mí, yo me levanto a la mañana y el mundo me lo puso para mí.
¿Eso también está en la Torá?
Seguro. Pero no es que yo tenga mérito. Ponele que lo cuidé de que no lo pise un auto, de darle todas las vacunas… Pero sí considero que esto me lo manda Dios para decir, viste, tenías que confiar, tenías que mantenerte de esta manera. Para mí es primordial eso. Yo estoy súper contento.
“Para mí todo su éxito es por lo buen tipo que es y su trabajo… pero también es un guiño del cielo para mí. De arriba me están diciendo loco, tomá, lo hiciste bien” —MJM
*Imagen de IG a partir de una fotografía de María Noel Robaina y una de Fernando Milsztajn/AJLA.
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Fernando Milsztajn es periodista, escritor, guionista y director. Hace una década realiza series de comedia; entre ellas las premiadas Un año sin nosotros, Gorda y El sueño del pibe. También colaboró en División Palermo (Netflix). En 2023 publicó Persiguiendo a Yosef, su primera novela. Leandro Katz trabaja desde hace mucho como creativo publicitario. Es guionista, escritor de libros infantiles y especialista en Dad Jokes.
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