Herman Szwarcbart: el guardián de las latas olvidadas

Hay caminos insondables que llevan a las personas a hacer lo que hacen. O lo que hacen luego de que un Otro —insondable, ubicuo— juegue a los dados con su vida. La existencia, un conglomerado de desvíos y desvaríos que se van enganchando como vagones a un tren en marcha. Cosas de Dios, dirán. Pero el acople sólo acontece cuando encuentra a la máquina andando. Cuando hay, digamos, un maquinista. Porque el movimiento es cosa del ser humano. En la quietud, ni respiración ni transpiración, ni savia ni sangre. 

Esto viene a cuento de las tres películas que componen la filmografía del argentino Herman Szwarcbart. Obras que iniciaron su llama con hallazgos más o menos fortuitos y que terminaron por conformar una filmografía que se destaca por una originalísima construcción de una memoria familiar —social, bandida, disfuncional— que recorre de punta a punta el siglo XX de Argentina. 

Hablamos de los documentales Un pogrom en Buenos Aires (2007), Fuimos felices (2018) y LS 83 (2025), ganadora del Premio Ciudad de Buenos Aires a la Mejor Película Argentina en el Bafici del año pasado. En la primera, comenzó entrevistando a su abuelo y terminó descubriendo la historia de la caza de “rusitos y zurdos” durante la Semana Trágica de 1919 en Buenos Aires. En la segunda, se propuso hacer un fresco coral de la vida judía en Argentina y terminó armando un ensayo sobre la función y el funcionamiento de la memoria durante las décadas del 40 y el 80 alrededor de solo tres familias.

LS83, por su parte, es un rompecabezas sobre un período de la historia viva del país conformado por materiales del presente y del pasado. Conjuga archivos de un noticiero de los años 70 con las memorias sobre esa época publicadas en 2020 por el escritor argentino Martín Kohan, en su libro Me acuerdo

La película tiene su origen también en un hallazgo accidental, cuando Szwarcbart buscaba material para su segunda película en el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken. De pronto, vio latas arrumbadas con nombres inquietantes: Massera, Videla, Galtieri, los militares que comandaron la dictadura cívico-militar entre 1976 y 1983. Al verlas, se dio cuenta que tenía oro en polvo en su manos: eran imágenes del antiguo noticiero de Canal 9 entre 1973 y 1983, donde aparecen deportistas tan distraídos como encumbrados, periodistas obsecuentes y señoras que sufren la inflación. 

Puestas en conjunto, las imágenes del noticiero y las palabras del libro de Kohan conforman una sinfonía en la que lo biográfico, la crónica social y los flecos de un Estado asesino se acercan y se alejan como instrumentos que entran en debate. 

El revés de Kohan 

Szwarcbart, de 60 años, nació en Buenos Aires, en el límite de Caballito con Villa Crespo. Trabajó toda su vida adulta como ingeniero de software produciendo material educativo. “A una edad más avanzada”, dice él, estudió cine en el Centro de Investigación Cinematográfica (CIC).

A la hora en que el cielo se tiende sobre la sábana azul de la noche, Szwarcbart —60 años, barba al ras, mirada piadosa— llega a un bar del barrio de Colegiales para hablar con AJLA sobre el trabajo con el archivo y la memoria, su deuda con el cine de Edgardo Cozarinsky, la afición por el ídish y cómo terminó haciendo las películas que, a priori, no se había propuesto hacer. 

–En LS83, que es una película sobre cierta época en Argentina, se cuela de inmediato lo judío, cuando martín Kohan menciona a la escuela Wolfsohn. ¿Cómo fue esa decisión? 

–El documental no tenía que ver con eso, pero había una presencia de lo judío bastante fuerte en el texto de Martín Kohan: son sus recuerdos como un niño judío argentino. Está escrito así. No le consulté si él creía que en vez de decir “el moré Pablo”, en la película se dijera “el maestro Pablo”, que en vez de bobe se dijese abuela. Martín grabó los recuerdos tal cual están escritos.

–¿Por alguna razón dudaste de incluir algunos de esos recuerdos?

–De hecho, dudé si incorporar los dos recuerdos que mencionan el antisemitismo. Uno remite a un vecino que se puso a llorar cuando se enteró de que Martín era judío. El otro cuenta que “‘Luisito de la vuelta’” le había dicho judío de mierda y que después le había venido a pedir disculpas. Martín escribe: ‘Yo le dije que no lo podía disculpar, pero que igual podíamos seguir siendo amigos’”. Claro, la imagen en la película no ilustra lo que dice Kohan; más bien lo que se ve y lo que se dice en general no tienen nada que ver. 

–Y hay veces que sí, ¿verdad? Como cuando se ve a Guillermo Vilas jugar contra Jimmy Connors y Kohan habla de su revés a dos manos.

–En el texto, Martín dice que le pegaba con dos manos porque no tenía fuerza, aunque dijera que lo hacía para imitar a Jimmy Connors. Y de pronto en las latas de canal 9 me encuentro a Vilas ganando la final de Forest Hills contra Connors en el 77. Y bueno, la historia funcionaba bien también.

Ciudadanos de segunda

–En Un Pogrom… aparece una narración en primera persona, el cineasta como investigador. Luego ese recurso en Fuimos felices se difumina para dejar hablar solo al material y sus protagonistas. LS83retoma la voz de un narrador, pero no es la tuya sino la de otro. ¿Cómo fue esa evolución? 

–LS83 le debe mucho a Guerra de un solo hombre, de Edgardo Cozarinsky. Para esa película, él tomó las France actualités, el noticiero que se veía durante la Segunda Guerra en la París ocupada, y con eso hace un montaje con los diarios del escritor alemán Ernst Jünger, que había sido soldado voluntario y que cuenta sobre su su deseo de visitar a Groussac y a Picasso en París. Cuando empiezo a ver el material del noticiero de Canal 9, me acuerdo de esa película. Pero a mí me interesó no trabajar con diarios de alguien de la época, sino con los recuerdos actuales sobre los años 70. Es decir, hacer un trabajo del pasado desde el presente.  

–Bueno, tus películas están basadas en los recuerdos. 

–Mis proyectos siempre remiten a hechos anteriores. La estructura de Un Pogrom… sigue los pasos de lo que iba descubriendo durante la investigación. Cuando decidí que iba a hacer un documental, me compré una cámara y salí a la calle. Esa película está inspirada en Boulevard del crespúsculo, también de Cozarinsky, que usa la primera persona para contar la historia de dos inmigrantes franceses que recalan en Buenos Aires durante la Segunda Guerra Mundial: Renée Falconetti, una actriz que era de izquierda, que escapa, y un actor nazi.

–Llama la atención en Un Pogrom…que la primera imagen —la primera imagen de tu cine, de hecho— es de tu abuelo. 

–Es cierto. Lo filmé sin pensar que eso iba a ser parte de la película. Pero después en la edición apareció y era ineludible por todo lo que eso significaba. Se trataba de un inmigrante judío que había llegado de Polonia una década después del crimen de la Semana Trágica y nunca había oído hablar de él. 

–Y después, está el ídish, su idioma, que es como una trama paralela. 

–Porque Koshmar, el diario de Pinie Wald que da cuenta de la persecución y los asesinatos del pogrom del ‘19, está escrito en ídish. Es un libro de una víctima y un testigo, publicado en 1929 —un año después de que viniera mi abuelo—, aunque se tradujo al castellano casi sesenta años después, en los años 80. 

–¿Y cuál es la explicación?

–En las décadas posteriores, la comunidad judía comienza a desarrollarse social y económicamente, y entonces el pogrom del 19 se convierte en memoria oculta, parte de esas historias que “mejor no recordar”. Recordarlas era como ser un ciudadano de segunda. Ahora, como me dijo el escritor Eliahu Toker, después de la dictadura, como toda la sociedad pasó a ser ciudadana de segunda, de alguna manera se habilitó la traducción para dar a conocer estas historias a la sociedad en general. 

Fuimos ídishes

–Nos resta hablar de Fuimos felices.

–Es la película que más me gusta. 

–¿Por qué? 

–Cuando la empecé a hacer, todos me decían «¡¿Una película con eso, con archivos familiares?!» El documental de archivo tiene fama de aburrido. Había comenzado a trabajar pensando en representar pequeños mojones de la vida judía cotidiana en Argentina: circuncisiones, bnei mitzvá, casamientos. Iba a usar materiales de muchas familias judías. Al final, terminó siendo la historia de tres familias por la cantidad de material que me aportaron. Están los Beder, el videógrafo de las fiestas judías de los años 70, que filmó mucho a su propia familia casi como una ficción; los Pinco, una madre y un hijo que comentan los videos familiares; y los Smulovitz, un matrimonio rosarino que revela cómo los recuerdos, aunque no se ajusten a lo que pasó, se convierten en la verdad instituida. Ahí se armó una película de tres momentos vinculados a cómo se recuerda. 


Destinos. Ritos. Recuerdos que tejen una vida.  

Promediaba marzo de 1977 cuando Nejama Barad, la morá de 6º grado del Scholem Aleijem, donde cursaba Herman Szwarcbart, fue a saludar a los alumnos en su primer día de clases porque aún no era su hora. Antes de irse, Szwarcbart, desde el fondo, le preguntó —con la esperanza de que la respuesta fuera negativa— si seguirían teniendo ídish como materia. 

Cuando en 2007 concluyó el estreno de Un pogrom en Buenos Aires, basado en un libro escrito en ídish, mientras en el cine todos aplaudían el director se dió cuenta que su maestra de 6º grado, más de treinta años después de confirmarle que sí, que Herman seguiría vinculado al ídish, estaba sentada a su lado.

  • Exequiel Siddig (Buenos Aires, 1974) es comunicador digital y periodista. Estudió Relaciones Internacionales (USAL) y la Maestría en Periodismo (Clarín/UTDT/Columbia). Trabajó como cronista, editor y/o guionista para la revista Ñ, Semana (Colombia), GQ (México), Newsweek Argentina, Miradas al Sur, Endemol y editorial Planeta, entre otros. Fue corresponsal en Israel, Tailandia, España, Rusia y China. Escribió artículos sobre cine, teatro, ciencias sociales, turismo y gastronomía. Co-guionó y condujo el programa “A Big Shtetl. Las huellas judías en Buenos Aires” (Canal Encuentro). Escribió el libro colectivo Voltios (ed. Leila Guerriero), y participó como actor de las obras “La tribu” y “La boda de Fanny Fonaroff”. Trabajó en estrategias SEO y desarrollo de contenidos de educación financiera en Nubank (EEUU, Brasil y Colombia). Actualmente es asesor de comunicación para empresas y speakers internacionales.

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