El espejo rumano y su reflejo de lo humano

Cuando tomé la dirección del museo judío Hinenu de Santa Fe en 2023, me encontré con una colección numerosa e interesante que guardaba miles de secretos. Su patrimonio había sido adquirido, en su gran mayoría, para su inauguración en 2003. En esos tiempos, el museo era entendido como un lugar en donde resguardar aquellos objetos de gran valor que debían preservarse como herencia para las futuras generaciones. 

En la actualidad, algunos paradigmas cambiaron y ya no alcanza con resguardar objetos; más bien son fundamentales las narrativas que de ellos irradian. Nos preguntamos, por ejemplo, ¿de dónde vinieron?, ¿a quiénes les pertenecían?, ¿qué nos cuentan de sus propietarios?, ¿qué memorias invocan?, ¿cómo llegaron a Argentina?, ¿por qué los donaron al museo? 

Al comenzar mi tarea, me encontré con más de 350 objetos. Con suerte, tenían en su cartela escrito el donante, el lugar de procedencia y el año. Esto no me era suficiente para construir el museo que imaginaba, uno en donde los objetos (nos) narraran, nos contasen historias que nos permitieran construir una memoria colectiva.  

Así que comencé a hacer algunas investigaciones. Hablé con el director anterior, con personas que habían formado parte de la comisión del museo en el pasado, con donantes y familiares. Y comencé a tirar de algunos hilos. Encontré objetos y documentos que le pertenecían a mi propia bisabuela y creí que era un buen camino para empezar. Sobre todo, porque quien podía brindarme información era mi bobe Clarita, que estaba enferma hacía varios meses. Al año siguiente falleció

“Encontré objetos y documentos que le pertenecían a mi bisabuela y creí que era un buen camino para empezar”

El tiempo reflejado

El tiempo es lo que constituye el museo, justamente es su razón de ser, le da sentido. Sin embargo, también es su peor enemigo. Año tras año, las personas mueren y, con ellas, sus historias se van.

Indagando en los objetos familiares, mi bobe me regaló un espejo que fue traído a la Argentina por Berta Roisman, su mamá. Berta había nacido en Rumania a principios del siglo XX; vivió junto a sus padres y hermanos. Su vida no fue fácil; el frío extremo, la crisis económica y el antisemitismo llevaron a la familia a tomar una drástica decisión: debían abandonar su patria. En 1912, el papá de Berta –Bernardo– había emigrado a Argentina con la promesa de juntar el dinero necesario para llevar a toda la familia. Bernardo cumplió su promesa, pero hacerlo le llevó doce años de trabajo.

En ese lapso, Berta, su madre y sus hermanos continuaron en Rumania, la situación se hacía cada vez más crítica por los pogromos. Lograron salvarse. Conocieron a una bondadosa familia cristiana que los ocultó en el sótano de su casa cada vez que ocurrían aquellas oleadas de violencia.

Y es aquí en donde aparece el espejo rumano. 

Berta le contó a mi bobe Clarita que el espejo estaba en el centro de la mesa de la casa en Rumania. Cada vez que ocurría un pogromo, la familia huía, pero el espejo se quedaba y en él se reflejaban todas las personas que iban a hacer daño, toda la violencia, todo el odio. Pero también, antes y después, se reflejaban los días felices, los festejos, el amor, los andares de la vida cotidiana. 

Traición y tradición

El espejo es pesado, de bronce y cuando baja la temperatura se vuelve muy frío al tacto. Quizás sean los resabios del invierno rumano. Pese a que no es cómodo de trasladar, en 1924 cuando Berta abandonó sus tierras para emigrar, decidió llevárselo consigo. Años más tarde, le regaló el espejo a mi bobe y ella también lo dejó sobre su mesa en la ciudad de Santa Fe. Allí el objeto continuó reflejando los rituales, las noblezas, las bondades, las miserias, las virtudes y las desgracias de esta familia.

Mi bobe me regaló el espejo con la promesa de que permaneciera en mi casa, siguiendo la tradición familiar. Pero como su origen etimológico devela —su origen latino—, toda tradición implica una traición. Y mi traición fue llevarlo al museo. Deseaba que los visitantes pudieran conocer su historia —que es similar a la de varios judíos que emigraron a Santa Fe— y que en el espejo se reflejen otras vidas. 

Si el espejo hablara, diría que pasó por todas las estaciones del año, que conoce Rumania, Argentina, y que viajó durante semanas por el océano. Diría que vio momentos terribles, de violencia extrema, y también instantes inolvidables y felices. Diría que hoy se siente raro porque no está rodeado de personas todo el tiempo y ya no acompaña ninguna rutina. Sin embargo, diría que está orgulloso por la forma en que constantemente desconocidos lo observan con asombro, curiosidad, compasión y empatía. 

Este espejo rumano continúa siendo un objeto para mirarnos, para pensarnos como humanos, para reflexionar sobre qué lugar ocupamos y qué futuro queremos construir.

Museo Judío Hinenu

El museo Hinenu es el museo judío de la ciudad de Santa Fe, inaugurado en el año 2003. Su primer director —Marcos Curzón— se vio motivado a construir un museo en su ciudad al descubrir que hubo presencia judía en Santa Fe la vieja. Actualmente el museo cuenta con una colección de más de 350 objetos donados por comunitarios y traídos desde diferentes partes del mundo. Su muestra permanente incluye el origen de la presencia judía en Santa Fe la vieja, la historia de la comunidad judía en la actual Santa Fe de la Vera Cruz, costumbres y tradiciones judías y la Shoá. Recibe a personas comunitarias, público general e instituciones educativas durante todo el año.

Contacto: museohinenusantafe@gmail.com

  • Julieta Bulletich es profesora de Letras graduada de la Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad Nacional del Litoral. Actualmente se desempeña como directora del museo judío Hinenu y forma parte del área pedagógica del MPBA Rosa Galisteo de Rodríguez. También es co-fundadora del Espacio Mazal (Espacio de Acompañamiento Educativo) en Santa Fe. Ha realizado proyectos educativos y de gestión cultural en su ciudad; además, fue directora y coreógrafa de la Leaká Javaia y docente del área judaica de la Escuela Jaim Najman Bialik de Santa Fe.

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