David llora en calzones, sin remera, como un nene encaprichado. Tiene treinta años largos, la panza hinchada aplastada contra el piso y el brazo estirado hacia la puerta cerrada, rogándole al novio que no lo deje. Iair Said elige presentar a su personaje en su momento más vulnerable. Al ser el director, guionista y protagonista de “Los domingos mueren más personas” (ya disponible en Disney+) cuenta con el poder de mostrarse como quiera, pero él no escribe para verse bien. «Hay algo para mí en embellecer el cine que no me gusta ni me interesa para nada», explica en Infobae. Matt Damon tomó el camino opuesto al escribir En busca del destino, por eso Louie CK lo toma de punto en su especial de stand up Sorry: “Primero de todo soy un obrero de la construcción, muy cabrón, me meto en muchas peleas. ¡Por Dios, tantas peleas! Pero también… soy un GENIO. Ni siquiera sé cómo sé las cosas, ¡simplemente las sé! ¿Por qué? ¡Porque escribió la puta película, por eso!”. Matt Damon creó ese papel para convertirse en una estrella de Hollywood, y no podemos criticarlo, porque lo logró. Pero es mucho más valiente iluminar nuestros defectos que inventarnos virtudes: “Nunca te equivocas si contás la verdad revelando tus partes más oscuras”, aconseja Judd Appatow en su Masterclass de comedia. Iair parece estar de acuerdo.
“Estoy transpirado, con mal aliento, obeso y de mal humor”, le dice David a la hermana al llegar al país por la muerte del tío. Está deprimido, se siente solo y no puede evitar enamorarse de cualquier chico que se le cruza. Como sucede en la serie Fleabag, sus fantasías pueden activarse en los lugares más inverosímiles, ya sea en un hospital, en una clase de manejo o con el vecino de enfrente. Todo puede sexualizarse cuando se necesita tapar el vacío existencial. David fantasea, pero la realidad se le impone, una y otra vez, con múltiples rechazos. Y él insiste porque, como Iair, es un valiente. Hay algo contradictorio en la inseguridad de su alter ego, porque no cualquiera es capaz de llevar adelante una película tan personal. Se requiere talento, tenacidad, convicción. Sin embargo, detrás de su voz tímida y nasal, salivando eses, se esconde cierto miedo a ser uno mismo. David es sensible, incómodo, algo torpe y se parece demasiado a Iair, alguien con la confianza de burlarse de sí mismo. Su mirada patética sobre temas pesados como la soledad y la muerte, hace ligera y dulce a una película que en su sinopsis resulta dramática: hay un padre en coma, un hijo que evita verlo y una madre (enorme Rita Cortese) decidida a dejarlo morir. Pero el tono tragicómico se impone, sugiriendo que el humor (y el amor) es el mejor antídoto cuando la vida duele.
¿Dónde poner el humor? Es una decisión que nos define como autores. Algunos lo usan para criticar, otros para quejarse, los peores para discriminar y los más honestos para reírse de sí mismos. La primera vez que lo vi a Iair fue en la obra Jorge, una colección de sketchs que presentaban a nuevos talentos de la escuela de Nora Moseinco. Él usaba un traje que le quedaba holgado, a pesar de ser el más alto de todos, como si la adultez le quedara grande. Siempre proyectó la fragilidad de un nene perdido en un shopping. Él mismo retrató su inseguridad al iniciarse como director en 9 vacunas, su primer corto, donde retrataba a un chico que tiene nueve oportunidades de encarar a una chica (Denise Groesman) y apenas si llega a saludarla. Años después su compañero Ignacio Sánchez Mestre lo disfrazó de oso sensible (literalmente) en su obra Despierto. Quizás fuera la mejor manera de retratar a Iair, hasta esta película, donde se lo ve todavía más cercano a su piel. Iair no le tiene miedo al ridículo, factor fundamental para un buen actor de comedia. Yo lo dirigí en No sé qué, mi primera serie web, donde tuvo que encarnar a un adolescente virgen infiltrado en una terapia de adictos al sexo para debutar. Se entregó de lleno al rol de masturbador crónico, y resultó probablemente el personaje más gracioso de la serie. Lo mismo consiguió después en Eléctrica, de Esteban Menis, con su torpe e ingenuo Ronnie. Iair no tiene problemas en ser el foco del chiste. Es comprensible cuando se trata de una ficción, porque entre uno y el personaje hay cierta distancia; pero él también se animó a exponer sus debilidades en su documental Flora no es un canto a la vida. Allí recomponía el vínculo con su tía abuela con la secreta intención de quedarse con su departamento después de muerta. Esa valentía de revelar el costado miserable que solemos esconder lleva a la historia hacia lugares más incómodos e interesantes. Todo por la película.

Ya a la distancia, se puede entender mejor la compulsión de Iair por filmar a su tía, porque la esencia de Flora está presente en “Los domingos…”; desde su sentido del humor frente a la muerte hasta esa soledad que se expande. El judaísmo impregna ambos relatos. “Si un judío muere un viernes o sábado se lo entierra el domingo… son tres días que valen por uno”, dice la hermana de David. El shabat de alguna manera le pone el título a la película. Pero también los vestuarios representan al detalle a la comunidad y hay una cena de Pesaj que retrata muy bien el entorno familiar. El judaísmo es parte de la identidad del personaje, tanto como su homosexualidad, pero no son el centro de la historia. No es sencillo para un director gay hacer una película que trate de otra cosa dentro de un mercado que condiciona y encasilla. “Desde hace diez años, cada vez que soplaba las velitas o pasaba un tren pedía el mismo deseo; poder hacer Los domingos mueren más personas”, escribió Iair en su Instagram. “Es caro morirse”, dice David. Sí, pero más caro es filmar.
Para darse una idea, David, su hermana y su madre compran en el autoservice de la Shell dos ensaladas y un combo por 7500 pesos. Calculen entonces: ¿cuánto tiempo llevó estrenar la película? Basta con mirar en los créditos para comprender el trabajo que lleva reunir el interés de tantas asociaciones y coproducciones para que el film exista, aun contando con un exitoso paso por festivales (ganó el premio WIP LATAM en San Sebastián y el mejor guión en el FICBA). Y eso que Iair tiene un buen recorrido en la industria, no solo como actor, sino como director desde que su corto 9 vacunas (2013) ganó en el festival de Abhu dabi. Nunca fue fácil filmar, pero en Argentina hoy se está volviendo imposible. “Deseo un país con más políticas públicas culturales para que hacer cine no sea un privilegio solo para unos pocos –dice Iair en IG-. Que nunca se acaben los deseos”.
¿Cuánto tiempo más seguirán existiendo estas películas? En la situación actual, cuando el Estado les da la espalda a los artistas, tal vez haya que refugiarse en nuestras comunidades. Por eso es importante que exista un fondo judío que ayude a impulsar el cine de autor, que nace de la necesidad de expresar algo personal para que la experiencia nos acerque a todos. Que el cine comercial se quede con los algoritmos, nosotros rescatemos a las personas. En este contexto la iniciativa de AJLA de promover el arte judío latino es fundamental, porque como escribe Iair en Twitter: “En este país no te podés entrar a bañar diez minutos que te perdés la trama”.
“Los domingos…” es una película íntima sin dejar de hablar de temas universales. El talento del director está más en lo que elige mostrar que en cómo lo muestra. No se destaca la factura visual tanto como la escritura de las escenas y la calidez de las actuaciones. No es casualidad. Iair es director de casting desde hace años (trabajó recientemente en La sociedad de la nieve y El Eternauta), y sabe cómo generar naturalidad en los textos, esa sutileza de filmar las escenas ya empezadas, sin que resuene el eco de la palabra acción. Es un buen guía para sus actores, como ese rabino de funerales que sabe acompañar en los momentos difíciles. Tal vez esa fue su intención principal: ser un guía para la gente perdida que no sabe cómo comportarse ante la muerte. Ayudarlos a estar menos solos. Según cuenta en entrevistas, Iair hizo su película para sacarse del cuerpo la larga enfermedad que se llevó a su padre. David no quiere mirar a la muerte a los ojos, aunque tenga los ojos cerrados, en coma, por temor a que los abra y le devuelva la mirada. A que lo bese en la boca y le deje los labios fríos, azulados. Pero es necesario enfrentarla para poder seguir viviendo. Como dice el personaje de Rita Cortese: “Si querés ser judío hay que saber sufrir”.

Los domingos mueren más personas, de Iair Said, se puede ver en Disney+ y en salas de cine.
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Fernando Milsztajn es periodista, escritor, guionista y director. Hace una década realiza series de comedia; entre ellas las premiadas Un año sin nosotros, Gorda y El sueño del pibe. También colaboró en División Palermo (Netflix). En 2023 publicó Persiguiendo a Yosef, su primera novela.
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