Un abrazo colectivo

Sofía Guterman conserva la habitación de su hija Andrea tal como era en 1994, cuando murió víctima del atentado a la AMIA. Graciela Linial de Furman guarda la campera que tenía puesta ese 18 de julio su hijo Fabián, otra de las víctimas del atentado. 

El mes pasado, ambas madres le abrieron sus puertas a Maximiliano Vernazza y se dejaron fotografiar sosteniendo un retrato de sus hijos. También lo hizo Sara Korin, madre de Abi, asesinado por Hamás en la masacre del 7 de octubre de 2023. ¿Qué es igual y qué distinto en la mirada de madres que perdieron a sus hijos a manos del terror allá y acá, hace 30 años y hace tan poco?

“A la gente le da miedo mirarnos a los ojos. Yo voy a ser una madre en luto para siempre, pero está bien sonreírme y abrazarme, el luto no es contagioso”. Así responde Eti Raz, madre de Idan —también víctima de Hamás— y otra de las 28 madres fotografiadas en “El último abrazo”, un proyecto de la israelí Ifat Peer al que el fotógrafo argentino sumó 3 imágenes para la versión porteña de la exposición.

¿Qué pensás que les pasaba a estas madres mientras las fotografiabas? 

—Yo sentí que se conectaban con sus hijos. Con las tres me pasó lo mismo. Yo tenía miedo de que a no les gustaran las fotos, porque generalmente es difícil para uno verse en una foto, uno no se gusta. Pero las tres me aclararon que les gustaron. De hecho, la mamá de Furman me dijo que el gesto con que salió en la foto refleja lo que estaba sintiendo en ese momento.

Y para vos, ¿cómo fue retratarlas? 

—En el momento de la foto pongo una pausa en lo que pueda sentir y solo siento la foto. Antes y después, sí. En este caso, primero les pedí permiso y les agradecí por permitirme estar en sus casas y fotografiarlas. Y después de las fotos, las abracé. 

Vernazza conoció a mucha gente que vivió tragedias o perdió familiares: trabajó 20 años como fotógrafo de la revista Gente. Es la misma cantidad de tiempo que fue fotógrafo de Charly García, y gracias a él conoció la AMIA: Elio Kapszuk, Director de Arte de la mutual israelita, curó su primera muestra sobre Charly en el CC Recoleta en 2012. “A pesar de la experiencia, siempre es difícil entrar al departamento, encarar a la persona y romper el hielo. Sobre todo en estos casos: no sabés con quién te vas a encontrar o si te va a dar cabida. Pero las tres me la hicieron súper fácil”. 

También para Ifat Peer, alma mater del proyecto, ese vínculo fue lo central del proceso creativo: “El último abrazo me interpeló no solo como artista, sino también como una madre que fue invitada a escuchar las historias y el dolor de los otros”. En la exposición, cada fotografía está acompañada por textos escritos por las propias madres, en los que describen la esencia de sus hijas e hijos, comparten el momento en que recibieron la peor noticia de sus vidas, y rememoran cuál fue su último abrazo con ellos. 

Un hilo conductor atraviesa los textos: el amor en todas sus formas. Eti Raz: “Estoy tratando de aprender cómo ser esta madre de la mejor manera posible. Saco la fuerza desde el dolor. Una fuerza que no sabía que existía dentro de mí. Una fuerza verdadera de las madres que nos permite amar sin fronteras, y también más allá de la vida misma”. 

Ese amor es precisamente lo que hace que la exhibición de estas fotos en Buenos Aires signifique mucho más que una simple parada en su recorrido mundial. “En esta ciudad Roya y Amit se conocieron y se enamoraron”, contó Sigal Schteiner Manzuri en la inauguración. Se refería a su hija Roya Manzuri y a su novio Amit Cohen, quienes asistieron al festival de música Nova y fueron asesinados junto a Norelle Manzuri, otra de las hijas de Sigal. 

Emociona pero no sorprende, entonces, que cada mensaje de los familiares del 7 de octubre y de la plaza de los secuestrados sea de amor y esperanza y no de venganza. Quizás sea como dijo Silvio Joskowicz, titular del departamento de Emprendimientos Sionistas de la OSM y otro de los oradores de la inauguración: “El espíritu humano posee una capacidad infinita para sanar, unirse y transformar el dolor en belleza”.

Algo así se puede ver en el retrato que le hizo Vernazza a Sara Korin. “Su hijo Abi fue asesinado el 7 de octubre, pero se había ido de Argentina a Israel hace mucho, y ella tenía una sola foto con su hijo y su marido. Entonces usamos esa foto, pero me pidió que salieran también los portarretratos con las fotos de sus nueve nietos. Entonces está ella con la foto de su hijo y al costado están todos los nietos, que ayer la acompañaron en la inauguración. ¡Había un montón de chicos!”

—Debajo de cada foto, cada madre comparte un mensaje. ¿Cuál es el tuyo?

—Estas cosas me conmueven. No las puedo entender. Como, trayéndolo acá, tampoco puedo entender la represión que hubo el miércoles acá en la plaza del Congreso. No me entra en la cabeza que nos matemos entre la gente. No lo entiendo. 

No entender, pero amar: El último abrazo nos permite “abrazar colectivamente a todas las familias de las víctimas”, en palabras de Joskowicz. “En última instancia, el arte más sublime que podemos crear es el de una humanidad unida por la compasión y el respeto mutuo”. Vale recordar que todavía hay 59 personas secuestradas en manos de Hamás, y cuatro de ellos son argentinos.

“El último abrazo” se puede visitar hasta el 25 de mayo, de miércoles a domingos de 12 a 20 h en el Palacio Libertad (ex CCK), Sarmiento 151.

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