Adriana Mejía Martín y el consumo como espejo

¿Cómo vivir en una época en la que estamos rodeados de objetos, atrapados en dinámicas de consumo y deseos que no se sacian? ¿Qué queda de nosotros cuando dejamos de reconocernos en lo que poseemos? A propósito de la nueva exposición en Freims —espacio vecinal para la cultura emergente en la colonia Condesa de la CDMX, que tengo la fortuna de dirigir—, la artista Adriana Mejía Martín (CDMX, 1986) presenta la más reciente intervención del lugar. Cada seis meses, bajo la curaduría de Luis Ramaggio, Freims se transforma para dar cabida a un nuevo gesto artístico. En esta ocasión, quiero compartir la conversación que sostuvimos en torno a la inauguración de la muestra titulada somoscosa.

Sobre el criterio curatorial de Freims

“Mi criterio curatorial para Freims tiene que ver con cierto espíritu personal asomado. Me interesa cuando los artistas cruzan la creatividad y la animidad. Me gusta ver en la obra la impronta de las dimensiones personales del creador. Lo cual hace un match natural con Freims, porque Freims tiene esa misma espiritualidad en las cosas que ofrece y realiza: la comida, las bebidas, los eventos. El arte que se expone aquí no podía alejarse de esa energía y de esa manera de ser.”

Sobre el lado B de los artistas

“Todos los artistas que vienen a Freims tienen una sinceridad expuesta en su trabajo. Cada seis meses presentamos a un artista nuevo en esa línea y siempre son artistas que ya cursaron una trayectoria, que ya se resolvieron a sí mismos y que de alguna forma, en sus estudios, quedan piezas o remansos que no han expuesto. Es esa parte de la obra que nadie ve en los museos y galerías. Una especie de Tiny Desk pero de las artes visuales.”

Sobre el oficio de la pintura

“En esta ocasión, estamos presentando la obra de Adriana Mejía Martín, una pintora de mucho oficio. Eso es algo que me dobla, siempre he admirado a las personas con oficio. Cuando alguien lo tiene es evidente: su cuerpo, su mente, sus sentimientos caen natural e inercialmente en la realización de lo que hacen. Ella es una pintora muy pintora, que ha ido sobreviviendo a las tendencias contemporáneas sin domarse ante ellas. Por eso no sorprende que actualmente tenga la beca del Sistema Nacional de Creadores.” 

Sobre el consumo como fetiche

“El foco de estudio de Adriana Mejía Martín es el análisis del cuerpo, la cosa y el consumo. En ese triángulo de sentido produce obras que refieren a la moda, a nuestra relación con los objetos cotidianos, con las marcas. En su trabajo reciente revisa y satiriza esas relaciones: la taza, los pantalones, el cinturón, el teléfono… En una especie de hipérboles surrealistas y expresionistas presenta personajes en situaciones de cosa. Fetichizados, devorados por sus propios deseos. Todos somos así. La diferencia es que a veces lo disimulamos con ‘mejor gusto’: las marcas, la moda, lo vigente. Ella se burla de todo eso. Nos interpela llamándonos: hola mujer taza, hola señor olla. Cada vez que veo su obra me pregunto: yo soy un hombre qué. Hombre iphone, hombre zapatos. Todos somos cosómanos.”

Sobre la culpa

“Adriana juega a señalarnos con el dedo de frente, a través de una paleta de alto contraste, con un expresionismo agudísimo y un mural que primero nos cautiva y luego nos da miedo. Empezamos con la impresión estética y terminamos en una soledad culposa, identificándonos con ese personaje desolado que tiene la cabeza en los pies. Si quitáramos todas las cosas de nuestra vida, ¿qué quedaría de nosotros? Quizá solo el recuerdo de nosotros mismos en versión de estos personajes.”

A modo de conclusión, para empezar el año

Esta pregunta de Luis queda flotando en mi cabeza: ¿qué quedaría de nosotros sin las cosas? Byung-Chul Han habla de la no-cosa como lo que no se compra ni se acumula: la experiencia, la presencia, la palabra. Las pinturas de Adriana Mejía Martín parecen señalar esa tensión. Nos vemos atrapados en los objetos, y al mismo tiempo, al reconocernos ahí, vislumbramos la posibilidad de otro lugar: menos saturado, más vulnerable.

La exposición inauguró en septiembre, poco antes de Rosh Hashaná. Y quizá en esta posibilidad se abre un eco con esos días: no tanto deshacernos de todo, sino aprender a escuchar lo que queda cuando la cosa se calla. En ese silencio puede empezar un nuevo año.

  • Sara Camhaji (Ciudad de México, 1986) es escritora, docente y mamá. Tiene una maestría en creación literaria, dos hijos y dos publicaciones liberadas; Maleza (Alboroto Ediciones, 2022) y No tomes fotos del paisaje, toma retratos y, si quieres, pon una vista de fondo (Elefanta Editorial, 2023). Fue becaria en el 2017 por Asylum Arts y ganadora de la residencia artística The Peleh Fund en Berkeley, California en 2023.

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