La crisis de identidad como forma de la identidad judía

Hay un yo, en efecto: hay un yo. Pero no es un yo que se afirma, que se expone, que se sabe y que, sabiéndose, meramente se da a ver. Hay un yo pero es un yo que se desgarra, que ese escurre, que vacila, trastabilla, que no sabe de sí o que, creyendo saber, se equivoca y se pregunta y entonces tiene que volver a empezar.

El lenguaje de la novela es siempre ajustado, su registro es bien preciso; pero realza por eso mismo lo que en la trama, lo que en el yo de esa trama, se desajusta y se vuelve equívoco. Se trata en parte de los complicados cambios que ocurren más o menos en todas las vidas, o del tópico de los desencuentros entre los mandatos familiares (declarados como tales o más comúnmente camuflados de deseos, de esperanzas, de ideales, de ilusiones) y el ser uno lo que es o hacer uno lo que hace.

Pero en parte, en su parte sustancial, ese conflicto genérico se concentra y concretiza en un aspecto específico: la condición de ser judío. Y es ahí donde Noemí Frenkel compone con Mi bosque vagabundo un texto de singular intensidad. Porque en torno de la identidad judía no es estable la distribución entre, por un lado, la afirmación y la certeza, y por el otro, la puesta en crisis y la interrogación. Porque la puesta en crisis y la interrogación se vuelven constitutivas de la identidad judía. ¿Soy judío? ¿Soy judía? ¿En qué sentido lo soy? ¿O cómo podría serlo, sin patria, sin dios y sin fe? ¿O cómo podría serlo, tan por fuera de las coordenadas que ese complejo dispositivo de familia, escuela, entornos, establecieron como judaísmo? Hasta advertir que la condición judía no radica en ninguna respuesta que pueda darse a estas preguntas, sino en el hecho mismo de formulárselas. La crisis de identidad como forma de identidad – de la identidad judía.

A ese movimiento, tan bien trazado en la narración, va Frenkel a adosarle otro: el del relato del viaje a Europa, el del registro de la visita ritual a los campos de exterminio. El otro me constituye, pero no con su mirada (como en Sartre), o con su rostro (como en Levinas), o con la racionalidad de su lenguaje (como en Habermas), sino con su odio. Con su odio. Lo que con tanta lucidez estableció Hannah Arendt: me odian por ser judía, entonces ahora soy judía. Y ahí Mi bosque vagabundo encuentra admirablemente el núcleo dramático de su verdad, que es la verdad del dolor. La experiencia del dolor transcurre, reveladora, y permite regresar de otra forma a las escenas familiares y sus sentidos.

La novela de Noemí Frenkel habría sido y será valiosa en cualquier circunstancia de que se trate, pero resuena especialmente en estos días de tanta mortificación, de tanto padecimiento y mensajes hostiles de efectos hirientes. Yo le habría agradecido esta novela a Noemí Frenkel en cualquier caso y en cualquier momento; hoy lo hago especialmente, y especialmente conmovido.

“¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?”, se pregunta Noemí Frenkel, nieta de un rabino ortodoxo, interpelada por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano.

Bosque migrante. Una judía se desarma es el tercer libro de Noemí Frenkel, editado por Milena Caserola. La novela se presenta hoy, martes 18 de noviembre, en el Centro de Desarrollo Cultural (CAT), Chacabuco 974, Ciudad de Buenos Aires. Participarán Juan Carlos Kreimer, Muriel Santa Ana, Carmen Baliero, Silvina Szperling, Luz Nobili Frenkel y el editor Matías Reck.

  • Martín Kohan nació en Buenos Aires en enero de 1967. Enseña Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires. En el 2007, recibió el Premio Herralde de Novela por su séptima novela, Ciencias morales. En 2023, recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores SADE en reconocimiento a su trayectoria literaria. En el 2024, además, fue nombrado Personalidad Destacada del ámbito de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

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