Jessica Trosman: la fe en el hacer

Jessica Trosman, tres veces elegida entre los ciento cincuenta mejores diseñadores del mundo, fue un fenómeno global con trosmanchurba y más tarde con su marca homónima. Colaboró con Chanel y Rick Owens, y hoy desarrolla una potente carrera como artista visual. En este intercambio con Nicole Moises —arquitecta, curadora y coleccionista— a propósito de su reconocimiento por la legislatura porteña como Personalidad Destacada de la Cultura en agosto pasado, Trosman repasa su carrera y opina sin filtros sobre el arte y el dinero, el legado judío y la militancia sionista, sobre cómo emprender en la Argentina y hasta cuándo es válido copiarse a una misma.

Sobre la educación

“Como artista me atraviesa saber que mis abuelos se escaparon de la guerra y llegaron acá. Ellos me enseñaron el hacer. Ese es un legado muy moishe: que te salva tu carrera. Y yo soy muy laburadora. Muchos ven la ambición como algo negativo, pero yo, más que de ambición, me gusta hablar del hacer. Mi familia se esforzó mucho para que todos estudien. Eso está ligado a mi educación en un colegio judío de clase media, de barrio. ¡Te sorprenderías cuántos intelectuales salieron de ese lugar! Judíos hijos de taxistas, que estaban becados. Mi hermano, que es ingeniero nuclear y estudió en el MIT [Massachussets Institute of Technology], estudió en el colegio Tel Aviv gracias a una beca, y siempre agradece a la morá Judith o a la morá Liliana por todo lo que aprendió.”

Sobre el legado de los padres

“A los diez años ya sabía que quería ser diseñadora. Mi mamá me llevaba al shopping, y yo terminaba eligiendo ropa para toda la familia. Cuando me iba a dormir pensaba: ¡Qué buena esa remera con esa estampa! Pero, ¿por qué no la hicieron de esta otra manera? ¿Por qué no pusieron el cierre atravesado en ese enterito? La vieja me dio toda esa parte visual, me ejercitó el ojo, básicamente porque era pilchera, le gustaba vestirse bien. Y mi viejo me ejercitó la cabeza del negocio. Él decía: De una casa no sale un negocio, de un negocio sale una casa. Invertí en un negocio que después vas a tener mil casas. Él también era muy laburador. Cuando abrís y cerrás el negocio te enterás de todo, y yo siempre abrí y cerré mis negocios.  Me gustaba estar en todos los procesos y entenderlos bien. Ese fue mi inicio, mi educación.”

Jessica Trosman en 2024, PH @martineduardo

Sobre el negocio del arte

“El arte es el arte. Aunque siempre en mi carrera hice todo con mucha experimentación, también hay que reconocer que hay un negocio detrás. Siempre me enseñaron que la caja también te tiene que dar, y que no hay vergüenza en eso. No paro de decirlo: todos los artistas tienen que vivir de esto y tienen que saber hablar de dinero. Al artista le cuesta decir quiero vender, no está bien visto. A mí no me cuesta, porque lo viví en la casa de mis abuelos y en mi casa. Para mí lo que está mal es no poder vivir de lo que hacés. ¡Yo conozco tan buenos artistas en Argentina que no llegan a fin de mes! Me da bronca. Cada uno hace de su puesto una empresa, y mi puesto como artista —que es una parada nueva que estoy teniendo en mi vida; antes era como diseñadora, hoy como artista— también tiene que ser mi empresa. Entonces de algún modo tengo que vender cierto número para que pueda mandar a mi hija al colegio.” 

Sobre el primer cheque

“Mi ex suegra Betty, una divina total, tenía un taller integral y ahí yo aprendí todo. Fue como un máster en diseño. Pasé a saber cortar, encimar, coser, moldería. Una vez que aprendí todo eso, me sentí capacitada para ofrecerle una colección a la marca que más me gustaba, que era Ona Sáez, y vendérsela. Con el primer cheque me compré un Renault 4 y una estampadora, que puse en el living de mi casa. Y ahí es donde me di cuenta de lo que mi papá me metió en la cabeza: de un negocio salen un montón de cosas, y de un techo no sale nada.” 

Sobre experimentar y fabricar en masa

“Después de laburar con Ona Sáez y Kosiuko, cuando estaba un poco más establecida, una amiga de la infancia me dijo: Tenés que conocer a Martín Churba, él no está haciendo ropa pero hace estampas. Con Martín nos enamoramos: nos conocimos un sábado, y el lunes ya empezamos a trabajar juntos. Y empezamos a romperla en el mundo. Pero, ¿por qué la rompimos? Porque teníamos una educación bastante parecida: éramos dos bestias a las que no nos daba asco laburar. Y porque hicimos algo que nadie hacía. ¡Pegar canutillos plásticos sobre remeras de microtul! Y que parezcan remeras casi hechas de diamantes, de brillo. Era muy experimental, pero con un trabajo que de algún modo se podía hacer masivo.” 

Sobre copiarse a uno mismo

“Dolores Navarro Ocampo nos llevó con trosmanchurba a hacer un desfile a Roma y mi hermana, que vivía en Estados Unidos, se fue para allá. Ella, que tenía una cabeza muy americana y comercial, en ese momento nos dice: Me voy a llevar una caja llena de estas cosas para ver si puedo venderle a Barnes & Noble. Se puso la ropa, se la llevó a EEUU y explotó, tuvimos que abrir una oficina allá. Fue un furor. Tres veces invitados al San Pablo Fashion Week, una vez a New York. Pasaron millones de cosas en esos años: fueron como veinticinco años de carrera pero en cinco. Hasta que nos separamos. Nos separamos muy bien, más allá de que duró poco. A mí me divertía ver más el cuerpo, laburar más las molderías y la tipología que lo textil. Porque eso, que nos daba el perfume de nuestra marca (y la guita, por decirlo todo), también te puede matar. Hay que tener cuidado con abusar. Y hubo un momento donde yo ya la empezaba a sufrir. Copiarse a uno mismo está bueno, pero hasta cierto punto, y después hay que ir para otro lado. Sentí que necesitaba estar sola, tener un equipo de trabajo con una sola cabeza. Era muy complicado ser dos. Entonces compro la parte de Martín, no el nombre sino los contratos, y me quedo con la marca Trosman.”

Jessica Trosman y Martín Churba junto a una escultura de su serie Humana (2022).

Sobre el aprendizaje continuo

“Con Trosman es donde realmente empiezo a sentir mi desarrollo personal. Lo primero que hice fue cambiar la estrategia de venta: de New York a París. Firmé un contrato de representación y franquicias con los japoneses que fabricaban a Jean Paul Gaultier y a Alexander McQueen, y ellos me ayudarían a posicionarme desde París, lo que hace que tu marca sea vista de otra manera. Es que me gustaba aprender, me la pasaba leyendo a CEOs de empresas de moda. A Domenico De Sole lo leía todos los días. Esa cosa curiosa para mí fue la clave. Así como puedo ser una tarada en política, ¿entendés? No me importa nada y no leo nada. No me importa lo que está sucediendo en un montón de aspectos. Pero en lo que me gusta, sí. Y está bueno aprender y saber con quién te tenés que juntar y hablar y con quién no, de quién tenés que aprender. Ese es mi pensamiento judío. Creo que está muy metido en las venas. Esa es la familia.”

Sobre el pueblo judío

“Me atraviesa que somos de un pueblo que siempre levantó valijas y se fue. Que somos 15 millones de judíos y tanta gente está en contra nuestra. A partir del 7 de octubre siento que hay gente que quiere mi extinción. La gente habla de sionismo sin saber que el sionismo es ser judío, porque para mí no hay diferencia. Para mí ser sionista es que exista un Estado de Israel, que es indudable que tiene que existir. Porque nosotros los judíos no tuvimos nunca un lugar. Cuando mi hijo fue a Israel por primera vez me dijo: cuando vayas, ya en el aeropuerto vas a sentir algo especial. Y es así, sentís que pertenecés. Que estás a salvo. Soy una persona súper amplia, pero cuando sentís que a la gente le están vendiendo una propaganda que no es, me duele. Pienso: ¿cuántas de estas personas fueron a Medio Oriente y entienden lo que pasa ahí? Más allá de Netanyahu: no estoy de acuerdo con un montón de sus principios. ¡Obvio que no estoy de acuerdo! Pero estoy de acuerdo con que existamos. Y cuando empiezan a querer exterminarte, es donde ahí me vuelvo un monstruo.”

Sobre la alquimia entre personas y materiales

“Después de Trosman hice JT, que fue una decisión bastante más madura. Pero mis socios, si bien tenían buena onda, pretendían llevar mi negocio a algo más placentero, y a mí me divertía más hacer plata. No tengo piel gruesa para los quilombos legales. Dije basta, se acabó, prefiero estar liviana. Y me quedé dos meses pensando y dibujando qué podía hacer. Y mi íntima amiga Luna Paiva me dijo: tenés que hacer esculturas. Le dije sí, estoy en eso, con ganas de hacerlo. Y me dijo llamalo a Emi, porque vos tenés el afuera, saber cómo trabajar los materiales, pero Emi te puede dar el adentro, el armado interno de la escultura. Bueno, con Emiliano Miliyo hace cinco años somos marido y mujer del arte. Es mi partner, porque me gusta trabajar con gente de la cual aprendo y que sabe más que yo. Y la verdad es que se necesitan muchas manos para hacer una obra, no puedo hacerla sola. Lo primero fue que caí en su taller con una valija llena de ropa que destruí. Le dije a Emiliano: Quiero inflar mi ropa. Porque mi ropa es media amorfa, media asimétrica. Yo le decía: Poneme un clavito acá. Y él me decía: Bueno, pero es más allá de eso. Y yo: No importa, empecemos por eso. Le entramos mucho al trabajo de entender qué era lo que tenía que inflar y cómo, y cuál era la tela que iba a poder sujetar lo que le metía adentro: aire, poliuretano, un poco de agua. Alquimia.”

Sobre el universo familiar como inspiración

“A partir de 2019 hice obras que son como almohadas. Porque era la primera vez que en tantos años hacía un stop y decía: No trabajo más. ¿Qué carajo hago? La almohada tiene mucho que ver con eso: con el abrazo, con sentirte protegida. También hice una obra de exterior -un site specific que le hice a un amigo- que mide 3,5 x 2 metros, y en donde empecé a trabajar la chapa de aluminio, que se vincula con mi mundo en torno a los repuestos de auto, el mundo de mi familia, de Warnes. De hecho, el dueño de la fábrica es mi tío. Todo queda en familia. Siento que la familia me pesa, pero me pesa bien.”

El Abrazo (2020), Aluminio, Laca Bi-Capa, Poliuretano Rígido, Hierro, Encofrado de Hormigón, 350 x 200 x 100 cm.

Sobre los tiempos del arte

“Estuve ocho meses trabajando, acumulando mucha experiencia y haciendo obra, hasta que un día dije: Me siento con capacidad de mostrarla. Y empecé a mostrar y me empezaron a comprar, y no lo podía creer. Dije: Se puede. Se puede y para mí no estoy haciendo más que dignificar lo que son veintipico años de trabajo. Obviamente no es de un día para otro, va a otro ritmo; la escultura tiene otro pensamiento. Asumo todo eso, si bien me cuesta porque ¡tengo una ansiedad…! Asumo la lentitud del arte.”

Sobre la expresión artística, la belleza y la felicidad 

“El mundo del arte me permitió poder expresarme más libremente que con la ropa. Siento que puedo explorar más una condición humana que un cuerpo humano, que me quedaba corto ya. No reniego de mi pasado porque sigo haciendo esculturas que son textiles, que parecen hechas de otra manera pero no, es textil que lo endurezco y formo estos cuerpos que parecen otra cosa. Me gusta mucho buscar lo abstracto, que es lo mismo que cuando te ponías una campera mía y decías: ¡Uy! Qué lindo, es raro, no sé cómo se hizo pero bueno, qué lindo que es. Esa es la descripción de lo que me gusta que veas en mi obra. ¿Cómo mierda hizo esto? ¡Qué lindo! Porque a mí me gusta lo lindo y me gusta hablar de lo lindo. No me importa si para otros es decorativo o no, pero visualmente quiero que te haga feliz. Si logra eso, buenísimo. Y si no lo logra, la verdad es muy raro que no lo logre, porque no trabajo con la infelicidad. Es algo que no me sale y no voy a hacer. Soy muy genuina con lo que hago. Yo vengo con esta carga y es la carga que quiero seguir teniendo, y de hecho siendo genuina y de esta manera me fue bien.” 

Sobre ser buena persona en el arte

“Con Tomás Redrado tengo casi una relación familiar, porque fuimos creciendo de la mano. Tomás me representa en Uruguay y en Miami. No tengo galería en Buenos Aires, pero él muy amorosamente me invita como galería de Estados Unidos a participar en ArteBA. Y estamos haciendo una carrera que está buena, nos ayudamos. Él me dice que soy como una madre. Yo casi que le hago el cashflow, soy una persona que me gusta que las cosas cierren, entonces le explico. Y él me explica a mí. Es casi un hijo, es re buen tipo, y en este rubro que sea un buen tipo es un montón. Y está haciendo un camino que hay que reconocerlo: ese chiquito de 28 años del que dicen que es un hijo de está haciendo un camino bastante bueno. Se mete en todas las ferias, aprende, y es muy educado. Y eso garpa un montón. Eso sí, yo también le digo: No vas a ser mi galerista en Bs As, porque te voy a meter los cuernos en el minuto uno. Porque él sabe que yo vendo. Pero nuestra relación es súper sincera.”

Junto a Tomás Redrado en 2024

Sobre ser emprendedor en el diseño y el arte

“En Argentina, a pesar de lo difícil que está, todavía como diseñador podés lanzarte, hacer una marca chiquitita desde tu casa, y puede llegar a funcionar y podés empezás a crecer. Y si sabés aprender y entender los puntos clave de lo que es una empresa, podés lograrlo. Todavía existe esa oportunidad acá. Ayer fui a dar una clase a la universidad y hablé de eso, para dejar en claro que hay una oportunidad, porque no está bueno que los chicos estudien para después sentir que no hay un futuro. No estoy mintiendo, porque si bien lo que me pasó a mí con trosmanchurba y con Trosman fue en otra época, yo creo que es todo cíclico: como en la cabalá, todo vuelve. Y tiene que ver con cómo sos vos y con tu búsqueda, y cómo te arreglás en la selva. Y lo mismo con los artistas. Siempre me acuerdo que hace unos 35 años, Leandro Erlich me decía: Yo voy a las vernissages para encontrar clientes. O sea, ¡uno tiene que hacerse y ser vivo! ¡Para todo! Quizás tiene que ver con que Leandro es judío.”

Foto de portada: Jessica Trosman en la inauguración de su exposición individual en Tomás Redrado Art de José Ignacio, Uruguay, enero de 2025.

  • Nicole Moisés es arquitecta por la Universidad de Belgrano, curadora y coleccionista de arte contemporáneo. Forma parte del comité de adquisiciones del Museo Moderno. Curó la exposición "Falta compartida" en el Museo Judío de Buenos Aires y prepara la exposición "Mutua Resonancia" en MUNAR.

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