En busca de la identidad: Burman por Burman

Daniel Burman

El cine judío: “No creo que yo haga cine judío, ni siquiera sé si eso existe. Yo cuando hago no pienso. En rodaje es mucho más útil el tiempo aplicado en probar que en pensar. Me hago haciendo, en cierta manera. No sé entonces si hay o no un cine judío. Pienso, por ejemplo, ¿soy judío cuando duermo? Me levanto y ya soy judío. Desde ese punto de vista todo lo que hago sería cine judío”.

Transmitzvah: “Haciendo un documental con chicas trans me enteré de que, luego de transicionar, el problema de la identidad no estaba necesariamente resuelto. Al contrario, seguía siendo un misterio: Recién ahora me doy cuenta de que no sé quién carajo soy, decían. De ahí surge la idea de hacer una película que hable de otras cosas, con una protagonista trans. Ahora a un niño le hablas de identidad y lo primero que piensa es en el género, pero lo cierto es que es más complejo. Y en la ficción también está recortado: si hay un personaje trans, o discapacitado, o judío, o gordo, lo que le pasa tiene que ver con eso. Por eso Transmitzvah aborda al mismo tiempo el problema del género con el de la filiación, el judaísmo, que es otra faceta de la identidad también”.

Volver a los orígenes: “Para volver hay que irse, ¿no es cierto? La propia historia del pueblo judío es lo mismo, primero se van a Egipto y luego regresan. Ese trayecto me interesa, el personaje que hace un retorno a sus raíces. Creo que es algo que aparece en algunas de mis películas, y en Transmitzvah también”.

Su obsesión con los padres: “Puede ser que en mis películas trabajo más la relación con el padre. Debe ser porque la idishe mame me aburre… y es que no se puede renunciar a la madre. Es tu madre, ya en el hospital eso queda claro, en cambio el el padre podría ser el enfermero. Por eso la paternidad se construye a través del diálogo, tiene que generar esa ficción para entablar el vínculo. Así es que buscan compartir aficiones, que sean hinchas del mismo club, que a ambos les guste el ajedrez, ir de camping, porque necesita que el hijo lo reconozca como padre. La carga de los padres es un peso, pero también te puede salvar. Depende de cada uno”.

Retrato de un barrio: “Dicen que en mis películas se retrata mucho al judío porteño, pero no estoy tan seguro. A los holandeses, cuando vinieron a Buenos Aires, los llevé al Once y se decepcionaron. ¿Esto es el Once? El barrio que habían visto en mi cine se construye a partir de recuerdos de infancia, quizás nunca existió”.

Repercusiones de Iosi, un espía arrepentido: “Nadie de la comunidad se ofendió ni se sintió atacada, a pesar de la gran repercusión que tuvo la serie. Todos son negadores, así que no se hacen cargo. Es un poco decepcionante incluso”.

Ser judío hoy: “Por supuesto que los ataques del 7 de octubre generan un impacto en todo el arte judío, incluyendo a Transmitzvah. Antes ser judío era cool, ahora ser antisemita no es mala palabra. Eso afecta el estreno de la película”.

El temita de la guita: “Yo desconfío si no me hablan de plata. Si una persona me invita a tomar un café y luego de pasar dos horas juntos nunca menciona la guita, es raro. Creo que el dinero está mezclado con todo lo que hacemos, es parte esencial de nuestras vidas. No creo que hacer hincapié en eso implique que una historia sea más o menos judía”.

Actualidad del cine argentino: “La idea de que el mercado defina qué cine se puede o no hacer es muy antijudía. Si el mercado hubiera decidido en aquel momento hubieran llegado catorce personas a la tierra prometida. No existiría el Estado de Israel. La lógica del mercado no tiene nada que ver con nuestro pueblo”.

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